«La Constitución debe revisarse para poner límites a las autonomías»

El historiador e hispanista Stanley G. Payne. :: patricia bregón/
El historiador e hispanista Stanley G. Payne. :: patricia bregón

El hispanista niega los argumentos históricos para la independencia de Cataluña y rechaza la «enorme manipulación» de los secesionistasStanley G. Payne Historiador

ÁLVARO SOTO MADRID.

El hispanista Stanley G. Payne (Denton, Texas, 1934) cree que una parte de los estereotipos que todavía hoy caen sobre los españoles fue creada por los propios españoles, así que la culpa del triunfo de la leyenda negra está muy repartida. El profesor emérito de la Universidad de Wisconsin acaba de publicar 'En defensa de España', con el que ha ganado el Premio Espasa de Ensayo 2017, un libro oportuno para desbrozar la historia de España en otro momento de crisis, uno más, con el desafío catalán.

-¿Qué enseña la Historia sobre lo que está ocurriendo en Cataluña?

-En parte, la situación de Cataluña es consecuencia del fracaso parcial del siglo XIX, en el que España no logró la cohesión y la unión que sí consiguieron otras naciones, aunque esto es una verdad a medias. Pero sobre todo, es consecuencia de las actividades políticas de los españoles durante los últimos 80 años. Los movimientos de la izquierda republicana en Cataluña empezaron en los años 20, en la dictadura de Primo de Rivera y la República, y después fueron sofocados por Franco. Pero en la transición surgieron cambios políticos y en ese ambiente de los años 60 y 70 del siglo pasado, hubo un viraje general muy fuerte hacia la izquierda y hacia una mayor independencia individual, que explica el desarrollo del catalanismo, aunque también del nuevo fascismo.

-¿Hay argumentos históricos para justificar la independencia de Cataluña?

-No. Cataluña nunca fue un Estado independiente. Formó durante muchos siglos un principado con mucha autonomía, pero la independencia perteneció a la Corona de Aragón, de la que Cataluña solo era una parte. Hubo siglos en los que Cataluña estuvo bastante contenta con su situación en España: en el XVI, en el XVIII y en la mayor parte del XIX. Pero es verdad que el encaje de Cataluña depende también del éxito que tiene la marca española. Cuando se construía una nación moderna en el siglo XIX y Cataluña prosperaba a mucha velocidad bajo este arreglo, entonces había un patriotismo español muy acusado en los catalanes. Luego surgió otra actitud, pero el independentismo ni siquiera fue la característica de Esquerra en los años 20 o en la República. Los más radicales sí, pero no el conjunto.

-¿El independentismo catalán está manipulando la historia?

-La manipulación es enorme en muchos aspectos. En el siglo XVII Cataluña cayó enseguida bajo el yugo de la monarquía francesa, que en realidad, era menos conveniente que la monarquía española. A comienzos del XVIII, durante la Guerra de Sucesión, Cataluña no quería formar un país independiente, sino conservar los viejos fueros, y por su situación geográfica, consiguió resistir, lo que ha creado ciertos mitos, pero tampoco ahí, ni muchos menos, había una ideología independentista.

-Si estuviera en su mano, ¿qué solución propondría?

-No hay muchas alternativas, no queda mucho espacio de maniobra. El Gobierno central tiene que permitir y garantizar bastante autonomía, pero lo que hace falta, aunque desgraciadamente no es conseguible, es una revisión de la Constitución que imponga ciertos límites a las capacidades de autonomías. Por supuesto, debe existir una autonomía muy amplia, pero con barreras que no se pueden pasar para mantener la cohesión del Estado. La Constitución fue un gran logro, la única constitución española de consenso, pero también fue bastante vaga en el lenguaje y dejó mucho margen al diálogo. Hemos tenido 40 años de negociación en que los catalanes y los vascos han conseguido más autonomía, pero se han creado situaciones confusas a la hora de delimitar los límites entre el Estado y las autonomías, y cualquier cosa humana debe tener sus límites. Pero respecto a los radicales catalanes, hay algo que no se puede cambiar ni resolver, sino conllevar, como decía Ortega y Gasset.

-¿Qué visión tiene usted de los españoles?

-Los españoles son gente normal, una conclusión a la que llegué a los pocos meses de estar en España durante mi juventud, pero tienen sus singularidades. Estoy de acuerdo con Julian Pitt Rivers, el mejor antropólogo extranjero a la hora de definir a los españoles. Rivers decía que los españoles son como cualquier otro club de seres humanos, salvo que en cualquier campo, son más de todo. Si alguien es apasionado, el español es más apasionado. Si alguien es un amante, el español ama más. Si alguien es perezoso, el español lo es más. Hay entre los españoles una cierta tendencia al extremismo.

-España ha sufrido la leyenda negra.

-Eso es cierto en términos históricos. Sin embargo, en tiempos actuales, el problema no es el punto de vista de los extranjeros, sino la internalización, por parte de las élites más activas, de esos problemas que los extranjeros han achacado a los españoles.

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