La congelación de la investidura de Puigdemont fractura el independentismo

Roger Torrent preside la reunión de la Mesa del Parlament, ayer, tras suspender la sesión de investidura de Puigdemont. :: quique garcía / EFE/
Roger Torrent preside la reunión de la Mesa del Parlament, ayer, tras suspender la sesión de investidura de Puigdemont. :: quique garcía / EFE

Torrent acata el auto del Constitucional y mantiene la candidatura del expresident, pero le muestra la salida

CRISTIAN REINO BARCELONA.

Carles Puigdemont lo tiene cada vez más difícil para ser investido presidente de la Generalitat. No solo por su situación judicial, sino porque va perdiendo apoyos en el secesionismo. Desde hacía días se especulaba con que el exgobernante huido a Bruselas podría acudir ayer al Parlamento catalán para asistir burlando a la Policía al pleno de la elección presidencial, pero no se movió de la capital belga. El pleno de investidura además no se celebró a pesar de que en el hemiciclo catalán estaba todo listo.

Sin consultarlo con sus socios de Junts per Catalunya y la CUP, que minutos antes daban por hecha la investidura, el presidente de la Cámara catalana y dirigente de Esquerra, Rogert Torrent, aplazó sine die la celebración la investidura. Lo hizo tras constatar que la elección del presidente de la Generalitat no podía hacerse con garantías, ya que la única opción que quedaba era una investidura a distancia, prohibida por el Constitucional. Como mucho podía quedarse en un acto simbólico de desafío al Estado.

Pero Torrent, que es un dirigente en alza dentro de Esquerra y aspira a una carrera política, vio que se arriesgaba a una acusación de desobediencia al Constitucional y una muy probable pena de cárcel si seguía adelante con la investidura. Evitó el choque y anunció que «aplazaba» la sesión parlamentaria, pero no la «desconvocaba». Se empleó a fondo para defender la candidatura de Puigdemont, aunque no concretó la fecha para celebrar el debate. El presidente del Parlament ha encargado a los servicios jurídicos que presenten alegaciones dentro de los diez días concedidos por el tribunal. Cargó contra el Gobierno y el Constitucional, y advirtió de que irá hasta el final para defender los derechos de Puigdemont. «Me he comprometido a garantizar su inmunidad», afirmó sin ningún éxito.

Su decisión cayó como una bomba en el independentismo, que minutos antes de la comparecencia de Torrent anunciaba a través de Junts per Catalunya un acuerdo tripartito para el futuro Gobierno catalán. Entendimiento que saltó por los aires con el discurso del presidente de la Cámara. Junts per Catalunya y la CUP no se dejaron seducir por el discurso solidario con Puigdemont y acusaron a Torrent de traidor.

Extremo que desde Esquerra negaron con vehemencia porque aseguraron que el presidente de la Cámara llamó hasta en cinco ocasiones a Puigdemont minutos antes de pronunciar su discurso, pero que el expresidente de la Generalitat no cogió el teléfono. Aunque algún diputado de Junts per Catalunya trató de explicar que en el teléfono Puigdemont aparecía que la llamada era de «un número desconocido», no hubo respuesta oficial a la denuncia.

Neoconvergentes y anticapitalistas montaron en cólera y anunciaron que no iban a acatar la decisión de Torrent y que a las tres de la tarde, la hora prevista para el pleno, se sentarían en sus escaños para celebrar la sesión parlamentaria. Solo los cuatro de la CUP consumaron el desafío, mientras que solo cinco de los 34 diputados de Junts per Catalunya entraron en el hemiciclo sin llegar a ocupar sus asientos.

La imagen de los cuatro diputados cuperos con el puño en alto escenificaba las diferencias que hay en el secesionismo: mientras unos aún mantienen la vigencia de la república proclamada el 27 de octubre, otros buscan vías más realistas, mientras unos terceros se aferran al expresidente de la Generalitat. La tensión en las protestas a las afueras de la Cámara catalana también reproducía el ambiente que se vivía en el soberanismo.

Junts per Catalunya exigió al presidente de la Cámara que celebrara ayer mismo el pleno. «La democracia no se aplaza», afirmó el portavoz del grupo nacionalista, Eduard Pujol. Los neoconvergentes se comprometieron a no desfallecer en el objetivo de investir a Puigdemont.

Para la CUP, Torrent «reculó» y tomó una decisión de «sumisión» y «obediencia» al Estado central y al Tribunal Constitucional. «Solo desde la desobediencia podemos materializar la república», apuntó el portavoz antisistema, Carles Riera.

La mejor expresión del cisma entre los secesionistas estuvo en los pasillos de la Cámara, donde un grupo de diputados de Junts per Catalunya gritó «cobarde» cuando pasó Torrent por delante. «No permitiremos enfrentamiento fraticidas», trató de arreglar la ANC.

Puñetazo en la mesa

La cuestión es que Esquerra lanzó ayer el aviso más contundente hasta la fecha al expresidente de la Generalitat para que se aparte, como ya hizo Artur Mas en 2016. Torrent no quiso desobedecer al Constitucional, como le pedía Junts per Catalunya para que facilitara la investidura a distancia, y encontró una vía intermedia que en absoluto convenció a sus por ahora socios.

Pero Esquerra, que estaba dolida por la petición unilateral de amparo de Puigdemont y porque considera que la lista nacionalista solo le preocupa la investidura del expresidente y le chantajea con elecciones, ya hacía tiempo que se la tenía jurada a sus socios. «Hace falta una investidura eficaz y eficiente», que permita formar un Gobierno desde el primer día, insisten los republicanos. En cuanto Torrent tenga sobre la mesa el informe de los letrados de la Cámara sobre cómo afecta su anuncio al reloj de la legislatura, Junst per Catalunya tendrá que tomar una decisión: elecciones, apostar por Puigdemont o buscar un candidato alternativo.

De momento, Torrent, con su decisión le muestra la salida a Puigdemont. El expresident y Junts per Catalunya insisten en mantener el enfrentamiento con el Gobierno de Rajoy. Esquerra, de la mano de Torrent, empieza a desmarcarse. En su primer discurso como presidente, pronunció términos desconocidos para su antecesora como «convivencia» y «coser» la sociedad y ahora por la vía de los hechos se distanció del estilo Forcadell, pues en su primera decisión de calado evitó el choque de trenes y la desobediencia.

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