Ada Colau dará «todas las facilidades» para el voto en Barcelona en el referéndum del 1-O

Ada Colau, ayer, durante la presentación en Barcelona del Observatorio Metropolitano de la Vivienda. :: Quique García/EFE
Ada Colau, ayer, durante la presentación en Barcelona del Observatorio Metropolitano de la Vivienda. :: Quique García/EFE

La alcaldesa y los dirigentes de Catalunya en Comú están «predispuestos» a votar en la consulta secesionista

CRISTIAN REINO BARCELONA.

La implicación de Ada Colau y su partido -Catalunya en Comú- en el referéndum del 1 de octubre se ha convertido casi en un asunto de Estado en Cataluña, lo que demuestra que las fuerzas de los secesionistas están muy justas de cara al choque de trenes institucional. Después de negar que el 1-O vaya a ser un referéndum vinculante, pero admitir que sí será una movilización «legítima», aunque sin llegar a llamar a la participación, Ada Colau garantizó ayer que el Ayuntamiento de Barcelona pondrá «todas las facilidades» para que los ciudadanos puedan votar en la consulta.

Dicho de otra manera, la alcaldesa de Barcelona dio a entender que el consistorio cederá locales a la Generalitat para la votación, un alivio para sus impulsores, que corrían el riesgo de encontrarse con dificultades añadidas a las que les pondrá el Gobierno. Tras desmarcarse en un primer momento de una manera más o menos ambigua, los comunes modularon ayer su rechazo, en un movimiento que desde las filas soberanistas interpretaron como una rectificación. «¿Quién puede dudar de que Barcelona está comprometida con el derecho a decidir?», cuestionó Colau.

La exportavoz de la PAH no fue tan contundente como su partido, en la reunión que mantuvo el sábado para decidir su posición en relación a la consulta, y no descartó que el 1-O pueda llegar a ser un «referéndum efectivo», si bien mostró sus dudas, a la espera de conocer el proyecto final de Puigdemont, ya que la consulta no está ni convocada ni se ha aprobado la ley que le debe dar amparo. La determinación que adopte Colau ante el 1-O compromete al PSC, que forma parte del ejecutivo del consistorio.

Voto secreto

A pesar de que los comunes anunciaron el sábado que en principio no llamarían a la participación y que esa decisión la tomarán de manera definitiva en septiembre cuando conozcan todos los detalles del referéndum, buena parte de los dirigentes de la izquierda alternativa se mostraron ayer «predispuestos» a ir a votar como respuesta al «inmovilismo del PP y la judicialización de la política». Tanto Colau, como Xavier Domènech o Joan Josep Nuet hicieron pública su intención de votar en la consulta, en contra de la opinión del secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, que afirmó que si fuera catalán no participaría en el 1-O. Colau, que votó a favor de la independencia en el 9-N, no precisó en esta ocasión si se decantará por el sí o por el no. Domènech, mientras, matizó sus calabazas al 1-O, al señalar que se parecerá al 9-N con la diferencia de que en esta ocasión la «confrontación» con el Estado será más elevada.

El partido de Colau rectificó ayer sus posiciones, después de ser blanco de las críticas de todo el arco parlamentario, en especial de los independentistas, que le acusó de traidor, trilero, sumiso al régimen del 78 y le reprochó que ahora se sitúe cerca del PP y de Ciudadanos, cuando no hace mucho llamaba a la desobediencia. Oriol Junqueras incluso aseguró que la posición de Catalunya en Comú «facilita la acción represiva del Estado».

Los comunes, en cualquier caso, no se han movido en los últimos meses. Siempre han estado a favor de la celebración de un referéndum, si es pactado y vinculante, pero han rechazado las prisas de los secesionistas. El ligero movimiento de fichas producido ayer no hace si no alimentar la teoría de que buscan una estudiada ambigüedad para no tener que definirse del todo, para no quemarse de cara al futuro, en un debate que a los dirigentes comunes les incomoda.

La intensidad de las críticas, no obstante, es la prueba de lo decisivo que puede llegar a ser el concurso de los comunes para el éxito o el fracaso del 1-O. En la consulta del 9-N de 2014, acudieron a votar unos 2,3 millones. En torno a 1,8 millones votaron a favor de la independencia. Los secesionistas creen ahora que para que la consulta del 1-O tenga efectos jurídicos deberían acudir a votar al menos tres millones de personas, sobre un censo de unos 5,5 millones. Que Colau y los suyos se lo tomen en serio, como una consulta que puede ser decisiva, puede hacer decantar la balanza y que la participación no solo interpele a los secesionistas.

Más

Fotos

Vídeos