CIUDADANOS GANA EN UNA CATALUÑA DIVIDIDA

Los que pedían la independencia han pasado de decir que las elecciones eran ilegítimas a decir que han ganado

JOSÉ MARÍA CALLEJA

Hace diez años Ciudadanos tenía en Cataluña la penuria de tres escaños, ahora ocupará 37 asientos y es el partido más votado. Uno de cada cuatro catalanes ha votado a los de Inés Arrimadas, algo que no ocurría desde los tiempos de Maragall. Este subidón es un síntoma irrebatible de los destrozos provocados por el proceso hacia la independencia de los golpistas. A Arrimadas le han dicho que se vaya a Cádiz, la han insultado y estigmatizado. Pues bien, ha ganado.

Ciudadanos ha ganado en votos, lo que se les presuponía, y en escaños, lo que se les negaba. Es la primera fuerza en Cataluña, pero no podrá gobernar porque su aumento se ha hecho a costa del PSC, que ha fracasado en sus expectativas, y del PP, que ha quedado laminado y último.

Los que pedían la independencia han bajado en votos y en escaños, dos menos, pero han pasado de decir que las elecciones eran ilegitimas, que si pucherazo, a decir que han ganado. Si antes de empezar el proceso alguien les hubiera dicho a los nacionalistas que Ciudadanos serían los más votados, le hubieran dicho que deliraba.

Los resultados confirman la profunda fractura de la sociedad catalana, divida entre las ciudades más pobladas y los municipios con menos habitantes, entre otras escisiones. Deberían impedir que a partir de ahora nadie hable en nombre de todos los catalanes ni de Cataluña, como hacía el dictador en sus tiempos cuando hablaba de España.

Los podemistas han pasado de la expectativa de ser determinantes a quedar como irrelevantes. ¡El partido de Colau ha sido quinto en Barcelona!

Formar gobierno ahora resultará extraordinariamente difícil, con Puigdemont huido, Junqueras en la cárcel y los recelos entre ambos multiplicados porque ERC ha pagado el pato y no ha ganado como esperaba. Podemos quedarnos a vivir en el bloqueo.

Estas elecciones, que fueron calificadas de ilegítimas -la CUP anunció que en vez de votar haría una paella insumisa- y en las que salieron corriendo a votar los ultranacionalistas como si no hubiera un mañana, han confirmado los bloques preexistentes pero no han ofrecido una salida al conflicto entre catalanes.

A partir de ahora es predecible que el goteo de empresas que se van de Cataluña siga o incluso se acelere después de estos resultados que han provocado un inmediato batacazo en la Bolsa.

La maquinaria judicial sigue a su ritmo y no se pueden descartar nuevas detenciones, ya hay más personas imputadas.

Si antes de las elecciones el asunto provocaba fatiga, ahora puede desembocar en hartazgo e impotencia ante las dificultades para alcanzar un arreglo.

Podemos repetir otra vez lo del diálogo y que hay que hacer política, pero las reacciones habidas por parte de Carles Puigdemont y de Mariano Rajoy no permiten abrigar esperanzas.

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