Cifuentes admite que no sabe hasta cuándo va a ser presidenta de Madrid

Mariano Rajoy y Cristina Cifuentes, en la entrega del Premio Cervantes el pasado lunes. :: alberto ferreras/
Mariano Rajoy y Cristina Cifuentes, en la entrega del Premio Cervantes el pasado lunes. :: alberto ferreras

Rajoy avisa de que lo que tenga que decirle a la jefa del Ejecutivo autonómico sobre su futuro político se lo comentará «en su día»

RAMÓN GORRIARÁN MADRID.

«Gobernaré hasta el último día que sea presidenta, hasta dentro de una semana, de tres o de un año». Cristina Cifuentes no sabe hasta cuándo va a ser presidenta de la Comunidad de Madrid aunque los mensajes que le llegan desde su propio partido es que tiene los días contados. Mariano Rajoy alimentó esa idea con su habitual doble lenguaje: «Lo que tenga que decirle (a Cifuentes), si es que tengo algo que decirle, ya se lo diré en su día».

El presidente del Gobierno, como siempre que se trata de asuntos internos del PP, no fue tajante en sus palabras a la espera de que el afectado, afectada en este caso, se vaya por su voluntad sin necesidad de que él tenga que pisar el barro. Si quisiera que Cifuentes continúe en su puesto a pesar del escándalo de su máster ignoto, se hubiera ceñido al guión de que no tenía nada que hablar con ella. Pero no fue así, aunque es cierto que dejó abierta a esa posibilidad. Rajoy en estado puro.

Pero el recordatorio de que hablará «en su día» tiene su relevancia porque la fecha subrayada en rojo del 7 de mayo se acerca. Es el límite del plazo para debatir la moción de censura en la Asamblea de Madrid. El PP sigue la orden de Rajoy de que la prioridad es mantener el Gobierno autonómico aunque lleve aparejado sacrificar a la presidenta. Ciudadanos, a su vez, ha hecho llegar a los populares que si no dimite apoyará la moción de censura para que gobierne el socialista Ángel Gabilondo. Es decir, que por una vía u otra, la suerte parece echada.

La presidenta no habla de dimisiones porque «hablar de futuribles», dice, es una pérdida de tiempo

La presidenta madrileña también se lo ve venir y, aunque se negó a hablar de su dimisión porque no le gusta «hablar de futuribles», aceptó que esa salida está sobre la mesa aunque no la comparta. Cifuentes explicó ayer tras la reunión semanal de su Gobierno que habla con Rajoy «con mucha frecuencia» en los últimos días. Se negó a desvelar el contenido de esas charlas porque «son privadas», pero no es difícil adivinar sobre qué giran.

El último contacto público entre ella y el presidente del Gobierno se produjo el lunes, con motivo de la entrega del Premio Cervantes al escritor Sergio Ramírez. Fue un contacto breve y buscado por Cifuentes, pero interrumpido por una señora que quiso hacerse una fotografía con ambos. Tras el selfi, la conversación se interrumpió y la presidenta se fue a hablar con los Reyes.

Rajoy, en la comparecencia conjunta de ayer en la Moncloa con el primer ministro turco Binali Yildirim, no dejó en la intemperie a Cristina Cifuentes y volvió a utilizar el mismo refrán, «consejos vendo que para mí no tengo», para desacreditar que el portavoz socialista que planteó la moción de censura contra la presidenta también tuviera su currículum falseado hasta 2003 con una inexistente licenciatura en Matemáticas.

Cifuentes también recurrió a argumentos conocidos -«no estoy imputada ni investigada»- para defender su postura y responsabilizó a Ciudadanos de que la Comunidad de Madrid vaya a tener «un gobierno de izquierda radical» si prospera la moción de censura. El punto flaco de ese augurio es que colocar la etiqueta de izquierda radical al exministro Gabilondo, reconocido por su talante moderado y conciliador, es, según reconocen en el mismo PP, poco creíble.

Sin fecha para la moción

Una moción de censura para la que, por otra parte, no hay fecha. La presidenta de la Cámara regional, la popular Paloma Adrados, se resiste a la espera de un desenlace menos traumático para su partido y que llegue un improbable acuerdo de última hora. Si sigue sin fijar día y hora para el debate, permitirá que Cifuentes presida los actos del 2 de mayo, Día de la Comunidad de Madrid, un escenario al que el PP no quería llegar por el previsible boicot de la oposición y porque coloca al Gobierno de Rajoy y al partido en el brete de enviar una delegación a respaldar a una presidenta que no tiene el respaldo de uno ni de otro.

Entre los populares, sin embargo, persiste el sector partidario de ir hasta el final, cuya cabeza visible es Dolores de Cospedal, y mantener a Cifuentes en su puesto para que Ciudadanos no pueda presumir de una nueva cabeza política del PP en su zurrón. Si se tiene que ir, arguyen los defensores de la resistencia, que sea porque el partido naranja ha sumado sus votos a los del PSOE y Podemos. Una confluencia que tendría consecuencias electorales negativas en Madrid para Ciudadanos, según sus cálculos.

En el partido de Albert Rivera aceptan que existe ese peligro, y aunque aseguran que su posición es inamovible presionan al mismo tiempo para que Cifuentes renuncie antes de la moción. Su portavoz de en la Asamblea de Madrid, Ignacio Aguado, reclamó ayer de nuevo a Rajoy que tome «ahora» una decisión sobre Cifuentes sin «esperar a última hora, como los malos estudiantes», porque «a última hora no se solucionan los problemas».

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