Catalá trata de rebajar la tensión con el Poder Judicial

Á. S. MADRID.

El ministro de Justicia, Rafael Catalá, dio ayer un primer paso para cerrar la brecha abierta con el poder judicial después de acusar el lunes al juez del voto discrepante de la sentencia de La Manada de tener «un problema singular que todos conocen». Durante un acto en Sevilla, Catalá abogó por acabar con la «tensión» cuanto antes y por trabajar desde el Ministerio con el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) por «tener una justicia de calidad y cercana a las víctimas».

Pero las palabras de Catalá no surtieron un efecto inmediato. Las fiscales jefe de Barcelona, Sevilla y Bilbao calificaron las declaraciones del ministro de «no prudentes», «desafortunadas» e «impropias» por entrar en el terreno personal. En el mismo sentido se pronunció el decano de los jueces de Sevilla, Francisco Guerrero.

También continuaron las críticas desde la oposición política. El PSOE pedirá que Catalá comparezca en el Senado, afirmó su coordinador de Justicia, Andrés Perelló. Ciudadanos, por su parte, estudia reclamar esta comparecencia, pero en la otra cámara, en el Congreso. Finalmente, el secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, acusó al ministro de llorar «lágrimas de cocodrilo». Desde el exterior, Amnistía Internacional dijo que la sentencia «muestra que tanto la ley como el sistema judicial están fallando cruelmente a las víctimas de violación en España».

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