Las mil caras de Podemos

Bescansa, Alegre, Monedero, Iglesias, Errejón y González; en  la asamblea fundacional de Vistalegre I en octubre de 2014. :: r. c./
Bescansa, Alegre, Monedero, Iglesias, Errejón y González; en la asamblea fundacional de Vistalegre I en octubre de 2014. :: r. c.

En cuatro años han caído la mayoría de sus dirigentes y ha mutado de ideología o rectificado sobre la Corona

ANDER AZPIROZ

madrid. Podemos celebró el pasado miércoles su cuarto cumpleaños. Aunque es un intervalo de tiempo que puede considerarse breve para una fuerza política, ha sido más que suficiente para que la formación de Pablo Iglesias se haya transformado una y otra vez, ya se deba a un problema de bisoñez o al afán de alzarse como favorita del electorado. Estos han sido algunos de los volantazos de Podemos.

La cúpula. Desde la Asamblea Ciudadana de Vistalegre I, celebrada en octubre de 2014, hasta hoy, Pablo Iglesias es el único que resiste entre los que posaron para la foto. Por el camino han caído de forma sucesiva Juan Carlos Monedero, Luis Alegre, Carolina Bescansa, Íñigo Errejón y Tania González. El equipo titular que fundó Podemos ha dejado paso a un liderazgo unipersonal del secretario general, que se ha rodeado de sus más fieles para proseguir su camino. Irene Montero, que no formó parte de la primera ejecutiva, es la número dos. Pablo Echenique es otro de los pesos pesados del partido, y ello, a pesar de que se enfrentó a Iglesias en el congreso fundacional de Vistalegre. A nivel territorial, los cambios en las direcciones han sido una constante y en la Eurocámara ha habido relevo en cuatro de los cinco escaños que se lograron en 2014.

La relación con el PSOE es una montaña rusa condicionada por la hegemonía en la izquierda

Ideología. En sus orígenes Podemos no era ni de izquierdas ni de derechas. La única prioridad era expulsar a «la casta» del poder, y para lograrlo valían por igual los votos de los «desencantados» del PSOE que los del PP. El partido se colocó por encima de ideologías. Pero en la campaña de las elecciones de 2016 se viró el rumbo. Tras la alianza con IU y la fe ciega en el 'sorpasso'que mantenía buena parte de la cúpula del partido, Iglesias colocó a Podemos dentro de la socialdemocracia, «la nueva», eso sí, y no la vieja del PSOE . «Karl Marx y Friedrich Engels eran socialdemócratas», afirmó por entonces el líder de Podemos. Ahora, los morados se ubican claramente a la izquierda de los socialistas, ante los que se autoproclaman como única opción progresista. Otro Marx, Groucho, dijo: «Estos son mis principios. Si no le gustan tengo otros».

La Corona. Podemos siempre ha defendido que se elija al jefe del Estado en las urnas, al estilo de una república presidencialista. Pero en sus primeros pasos nunca reclamó que el debate sobre la monarquía fuese un asunto prioritario. Iglesias, incluso, lanzaba por aquel entonces algún que otro piropo a Felipe VI. Ahora, desde Podemos se achaca el «inmovilismo» al bloque monárquico, que conformarían PP, PSOE y Ciudadanos. Iglesias, además, opina que «Juan Carlos era un franquista, pero fue útil». «Felipe VI es un rey que excluye. ¿Para qué sirve entonces?», preguntó hace unos meses el líder podemista.

PSOE. Es la historia de una montaña rusa. De la casta, a querer formar gobierno con Pedro Sánchez en la Presidencia. La relación entre Podemos y los socialistas ha pasado por todo tipo de fases que siempre han estado condicionadas por la hegemonía en la izquierda. Tras las elecciones de diciembre de 2015, se tiraron los trastos a la cabeza, quizá ya con la mente puesta en la repetición de los comicios. El regreso de Sánchez al liderazgo del PSOE en junio de 2017 dio paso a un amago de reconciliación que se plasmó en la creación de una mesa conjunta para coordinar la acción de ambos grupos parlamentarios. El resultado ha sido poco menos que nulo. En Podemos se ha pasado del «felicidades y buena suerte» a Sánchez tras su triunfo interno sobre Susana Díaz al «mintió a sus bases para ganar unas primarias».

Izquierda Unida. Del «pitufo gruñón» con el que Iglesias se refirió a la vieja guardia de IU cuando se negó a formar una coalición electoral al 'pacto de los botellines'. La relación entre ambas formaciones ha pasado en estos cuatro años del odio al amor, y ahora va por el matrimonio de conveniencia. Hoy, con las encuestas anticipando horas bajas, la pasión decae y se incrementa la tensión a cuenta de las cuotas de poder interno dentro de Unidos Podemos.

Éxitos y fracasos. Se han intercalado unos con otros. Triunfos incontestables como las europeas de 2014, los bautizados como ayuntamientos del cambio o las victorias en las generales de 2016 en País Vasco o Cataluña, contrastan con el batacazo a la hora de dar el 'sorpasso' al PSOE o el desplome en los comicios catalanes, donde Catalunya en Comú-Podem ha sacado los peores resultados de los podemistas en unas elecciones autonómicas.

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