La calculada ambigüedad belga por los flamencos

El primer ministro belga, el liberal valón Charles Michel, volvió a ser el verso suelto de los 28 jefes de Estado y de Gobierno de la UE al valorar los graves acontecimientos ocurridos en Cataluña. Como ya sucedió la semana pasada, apostó por lanzar un mensaje en Twitter bastante ambiguo en el que ni siquiera hacía referencia a Cataluña. «Pedimos una solución pacífica que respete el orden nacional e internacional. Una crisis política solo puede resolverse a través del diálogo», recalcó.

Su mensaje no sorprendió a casi nadie ya que el problema lo tiene en casa. No ya por la fractura identitaria que existe en el país, sino porque el principal partido de los cuatro que conforman el Gobierno belga es la N-VA flamenca, la formación soberanista e independentista que domina el norte del país y que es aliada del PDeCAT y el PNV. Quizá así se entiendan mejor las cosas. Una N-VA, ojo, que sí ha aparcado la independencia porque la sociedad no la quiere. La equidistancia de Michel provocó incluso un rifirrafe diplomático entre ambos Gobiernos que al final fue solventado entre el propio Michel y Mariano Rajoy con un apretón de manos y una sonrisa en la cumbre celebrada la semana pasada en Bruselas.

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