La CUP ya no tiene la batuta

Carles Riera, candidato de la CUP. :: efe/
Carles Riera, candidato de la CUP. :: efe

Los anticapitalistas pierden influencia aunque JxC y ERC todavía necesitarán su abstención para la investidura

CRISTIAN REINO BARCELONA.

La CUP atesoró tanto poder en la pasada legislatura, que sus asambleas internas pasaron a ser órganos de decisión claves de la política catalana. Los anticapitalistas se beneficiaron de la alianza entre CDC y ERC y en 2015 obtuvieron diez escaños, que les dieron la llave de la gobernabilidad. La situación ha cambiado en esta ocasión. Los antisistema han retrocedido seis diputados, tras perder 140.000 votos, que se han ido a ERC y también a Junts per Catalunya, y vuelven a ser decisivos para la investidura, pero muy lejos de la posición de fuerza del 27-S de 2015. Así, el candidato que propongan Junts per Catalunya y Esquerra solo necesitará que la CUP se abstenga en la segunda ronda de votaciones.

Por tanto, un veto como el que la izquierda radical independentista le hizo a Mas, enviándole a la «papelera de la historia», es más complicado esta vez. Los anticapitalistas ya han dicho que están dispuestos a respaldar la investidura de un presidente independentista e incluso a formar parte del ejecutivo catalán, pero la clave está hasta dónde consideran que tienen que apretar para garantizar la elección del nuevo jefe del Ejecutivo autonómico.

Mas tuvo que ofrecer su cabeza, mientras que a Puigdemont le obligaron a celebrar un referéndum unilateral, a aprobar las leyes de la desconexión y forzaron la proclamación de la secesión. La CUP hizo y deshizo a su antojo en la pasada legislatura. En parte, porque Puigdemont y Junqueras tenían que transigir si querían mantener viva la llama del proceso secesionista.

La foto que queda para el recuerdo del día de la declaración unilateral es ilustrativa de la situación de la última legislatura: el presidente de la Generalitat y el vicepresidente, celebrando la proclamación de la república en los pasillos de la Cámara catalana, rodeados de los diputados cuperos, los más satisfechos de la sesión parlamentaria.

La CUP reclama ahora «construir» la república declarada el pasado 27 de octubre e insiste en que la vía unilateral es la única senda útil para aplicar la hoja de ruta secesionista. «Se trata de no volver a hacer la autonomía, de no obedecer el 155 y la Constitución y de no volver a aplicar el Estatuto, sino de hacer república y de construir república», dicen. Los anticapitalistas, sin embargo, reconocen que su «influencia» es menor.

Otro ritmo

ERC y PDeCAT insisten en que el proceso debe mantenerse vivo, pero a otro «ritmo», en principio más pausado. Hablan de una nueva etapa. «La prioridad del próximo gobierno es volver a la situación anterior al 155 y recuperar el control de las finanzas de la Generalitat», afirman fuentes de Junts per Catalunya. Con 66 diputados (a dos de la mayoría absoluta), la alianza entre neoconvergentes y republicanos, una vez superada la investidura, podría prescindir de la CUP y explorar otros socios, como los comunes, si el objetivo, como dijo Puigdemont, es la reivindicación de un referéndum.

Las relaciones entre Junts per Catalunya y Esquerra están en cualquier caso muy deterioradas, pero la aritmética les «obliga» a entenderse, como han reconocido públicamente.En la filas republicanas han sido muy críticos con la estrategia de fuga de Puigdemont, que consideran que ha perjudicado judicialmente a los dirigentes encarcelados. «Yo no me escondo», cargó Junqueras desde prisión. También son muy críticos con la ANC, pero las rencillas vienen de lejos.

Casi todos los movimientos de unos y otros eran en clave de pugna soberanista. En las filas del PDeCAT, mantienen que Junqueras dejó solo a Puigdemont cuando estaba decidido a adelantar elecciones. Los republicanos se negaron a apoyarle para capitalizar el posible fracaso y al final nadie quiso frenar. Hay rencores personales que aflorarán a lo largo de la legislatura, pero mientras siga la pugna interna en el soberanismo y ninguna fuerza secesionista se atreva a reconocer que siguen sin tener la mayoría social (47%), ni admita que la independencia no es posible a corto plazo, tratarán de avanzar juntos.

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