Barones del PP esperan que Rajoy guíe al partido hasta su renovación

Rajoy abandona ayer el Congreso de los Diputados entre el aplauso de los diputados y miembros del PP tras no superar la moción de censura del PSOE. :: jaime garcía/
Rajoy abandona ayer el Congreso de los Diputados entre el aplauso de los diputados y miembros del PP tras no superar la moción de censura del PSOE. :: jaime garcía

Los populares confían en que el presidente aclare su futuro en el Comité Ejecutivo Nacional convocado para el martes

NURIA VEGA MADRID.

Aunque el Gobierno y la cúpula del PP empezaron el jueves a pasar su duelo, la puesta en escena de la derrota de Mariano Rajoy en el Congreso dejó ayer al partido sumido en la desolación. Incredulidad, rabia y lamento, las fases tras la pérdida del poder se entremezclaron en el grupo parlamentario, donde quedan más dudas que certezas. ¿Conservará el presidente del PP su escaño? ¿Ejercerá de jefe de la oposición? En las organizaciones territoriales conceden un tiempo para asumir el revés. Pero entienden que ha llegado la hora de la renovación. Total y profunda: «Líder, dirección y proyecto».

Si «cada crisis es una oportunidad», el abandono del Gobierno otorga a los populares la opción de rearmarse para llegar en las mejores condiciones posibles, primero, a las elecciones autonómicas y municipales del 26 de mayo de 2019 y, después -o antes-, a los comicios generales. Nunca ha sido el PP una formación con tendencia a la contestación interna. Siempre ha mantenido las filas prietas, pese a entender que Rajoy podría quizá no ser su mejor opción electoral. Así ocurrió en 2015 y en 2016. Y aunque nada haga pensar que ahora vaya a ser diferente, muchos de los cargos consultados dan por sentado que el presidente dejará las riendas del partido.

«No tendría ningún sentido que siguiera», apuntó ayer uno de los barones del PP. En todo caso, esas mismas voces aconsejan que el proceso se emprenda «sin prisa, pero sin pausa». En el partido creen mayoritariamente que, por ahora, Rajoy continuará como líder de la formación y presidente del grupo parlamentario, al estilo de Felipe González en 1996. Y que, desde ahí, pilotará la transición interna. Barajan que lo más «razonable» sería sondear a las organizaciones territoriales y promover un sucesor de consenso que pueda obtener el aval de las bases y los cuadros en un congreso extraordinario después del verano. «Septiembre u octubre», aventuran.

Un veterano del PP argumenta que la continuidad del presidente durante un «tiempo» serviría para contener una «guerra fraticida». «Él -añade- siempre ha sido el pegamento». En todo caso, fuentes populares no ven el riesgo de que la búsqueda de un relevo rompa una organización que se caracteriza por ser «disciplinada y jerarquizada».

Apuestas hay muchas, y en los últimos años han aparecido y desaparecido nombres. La secretaria general, María Dolores de Cospedal; el presidente del PP vasco, Alfonso Alonso, o la dimitida Cristina Cifuentes, han sido algunos de los habituales. A día de hoy, sin embargo, los populares se inclinan o por el jefe del Ejecutivo gallego, Alberto Núñez-Feijóo, o por la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría. Pero «paso a paso», repiten los miembros del Comité Ejecutivo Nacional, órgano convocado para el martes.

Salir del limbo

Los populares confían en que en ese encuentro, horas antes de que José María Aznar reaparezca en un acto público, Rajoy aborde su futuro y les saque de dudas. Es decir, que aclare si quiere continuar -y pregunte si tiene para ello el apoyo del PP- o si pretende gestionar el cambio de ciclo. «Entiendo que despejará si elige un camino u otro, no cabe seguir en el limbo», confiesa un diputado. Siempre quedaría la vía alternativa de dejar el escaño y seguir temporalmente al frente del PP ejerciendo la oposición.

«Todo son especulaciones, sólo él lo sabe», insisten en su entorno, partidarios de darle unos días de calma para la reflexión con su personal de confianza y su familia. «Vamos a escucharle y vamos a saber cuál es su opinión», reclamó Núñez-Feijóo, que volvió ayer a torear las preguntas sobre sus aspiraciones: «Me quedan dos años de mandato y mi compromiso es cumplir mis obligaciones como presidente de la Xunta».

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