Un astronauta al servicio de la ciencia

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Entrenado en EE UU y Rusia, ha viajado en dos ocasiones al espacio a bordo del transbordador Discovery y la SoyuzPedro Duque Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades

ANTONIO PANIAGUA

madrid. Pedro Duque, de 55 años, pertenece a ese club de élite de viajeros espaciales en que están inscritos personajes tan ilustres como Yuri Gagarin o Neil Armstrong. El nuevo ministro de Ciencia, Innovación y Universidades ha participado en dos misiones que le exigieron abandonar la atmósfera para adentrarse en el espacio exterior. Lo hizo en 1998, cuando despegó de Cabo Cañaveral dentro del transbordador espacial Discovery para supervisar el modulo experimental de la Agencia Europea de Espacio (ESA). Años después, en 2003, se embarcó en la nave Soyuz TMA con el fin de viajar a la Estación Espacial Internacional. «Alguna vez vi el aterrizaje en la Luna. Como todos los niños quería ser astronauta y me decían: 'Bueno, tú, español, difícilmente lo vas a conseguir', pero el país ha cambiado bastante en muchos casos para mejor», dijo hace unos días.

Pedro Duque (Madrid, 14 de marzo de 1963) nació en el seno de una familia extremeña. Entre sus antepasados figura Rodrigo Duque Alemán, un tallista del siglo XVI que esculpió la sillería para la catedral de Plasencia. El astronauta ha tenido una carrera más exitosa que su ancestro, de quien se dice que murió al arrojarse al vacío desde la torre del templo con unas alas que el infortunado había construido.

Casado con la diplomática Consuelo Femenía, el astronauta e ingeniero aeronáutico tiene tres hijos. Duque se licenció en la Universidad Politécnica de Madrid y trabajó en el centro de control de vuelo de la Agencia Europea del Espacio (ESA) en Darmstadt (Alemania). Fue entonces, a principios de los años noventa, cuando la ESA hizo una convocatoria para formar un equipo de astronautas y el español, junto a varios centenares de europeos, presentó la solicitud. España seleccionó a cinco candidatos y entre ellos estaba él. Tuvo que superar exámenes, pruebas médicas y una infinidad de filtros antes de comenzar los entrenamientos. Una preparación y conocimientos que adquirió a cargo de las dos potencias espaciales, tanto en la Ciudad de las Estrellas de Moscú como en la NASA.

Dirigió la empresa que puso en órbita el primer satélite español de observación de la Tierra Aboga por multiplicar por tres los presupuestos públicos en ciencia e investigación

Al menos en dos ocasiones ha figurado como tripulante en la reserva, lo que supone realizar el mismo entrenamiento que hacen los astronautas que van a volar. Así, en 1994 estaba listo para embarcar en la misión Euromir94 en caso de que un colega sufriera algún percance. Lo mismo sucedió dos años después, cuando se preparó para sustituir a algún compañero del Columbia.

Contra las pseudociencias

Hijo de un ingeniero de montes y una maestra, es un enemigo declarado de las pseudociencias, desde el reiki a la homeopatía, y los recortes en el campo de la investigación. En este sentido, defiende con vehemencia que la inversión en el sector espacial tiene una alta rentabilidad social. Conoce la industria aeroespacial por dentro. No en balde, en 2006 ocupó la dirección general de Deimos Imagin, una empresa que puso en órbita el primer satélite español de observación de la Tierra. Cuatro años después ascendió a la presidencia de la empresa.

El astronauta regresó a la Agencia Espacial Europea después de una excedencia para dirigir la Oficina de Operaciones de Vuelo. En el momento de su nombramiento trabajaba para ese organismo, en el que era el responsable de operaciones europeas de la Estación Espacial Internacional.

En varias ocasiones se ha mostrado encantado con la idea de viajar a Marte, a pesar de que para realizar ese trayecto tendría que invertir varios meses. No ha ahorrado críticas a las autoridades europeas por sus recelos a lanzarse de lleno a la carrera de los vuelos tripulados. Le preocupa la deserción de jóvenes talentos que emigran en busca de mejoras oportunidades y cree que España arrastra un retraso en el desarrollo espacial, pese al buen nivel tecnológico de algunas empresas. Buen conocedor de los vericuetos burocráticos de la Administración, Duque está convencido de que España debería multiplicar casi por tres los presupuestos públicos en ciencia e investigación «para salir del hoyo».

Ha saludado con humor su nombramiento al publicar en Twitter un chiste de Forges en el que una anciana de pueblo advierte a un hombre de que los «cargos los carga el diablo». Como apostilla a la viñeta, el nuevo ministro apunta: «Ojalá estuviera mi madre».

Aficionado al buceo, la natación y el ciclismo y Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional, Pedro Duque ha cumplido curiosamente el pronóstico que publicó en 2016 la web satírica 'El Mundo Today'. El periódico de humor le adjudicó no la cartera de Ciencia, sino la del jefe de la diplomacia española, porque «nadie había estado más al exterior que el astronauta».

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