El ariete en el exterior contra el independentismo

:: GERARD CERLES / AFP/
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El exministro de Obras Públicas y excandidato a la Presidencia recibe la tarea de desarmar el mensaje victimista de Puigdemont en la UEJosep Borrell Ministerio de Asuntos Exteriores

ANDER AZPIROZ

madrid. Pedro Sánchez manda un mensaje de fuerza al colocar al frente del Ministerio de Asuntos Exteriores a un halcón contra el independentismo y que, además, es un catalán de tan de pura cepa como lo pueden ser, según el ideario secesionista, Carles Puigdemont o Quim Torra.

El histórico dirigente socialista Josep Borrell (La Pobla de Segur, Lleida, 1947) era uno de los fijos en las casas de apuestas para formar parte del Consejo de Ministros, aunque existía la duda sobre la cartera que recibiría, dada su versatilidad política. El jefe del Ejecutivo se ha decantado finalmente por colocarlo al frente de la diplomacia española. Tendrá una tarea clave: contrarrestar el mensaje victimista del soberanismo en la Unión Europea.

Los planes de Carles Puigdemont para construir su república pasan necesariamente por el reconocimiento internacional y, muy particularmente, por el de los miembros del club comunitario. El expresidente fugado de la Generalitat no lo ha logrado institucionalmente hasta el momento, pero persiste en el intento. No obstante, el soberanismo ha ganado la batalla de la opinión pública europea a los Gobiernos de Mariano Rajoy, especialmente tras las cargas policiales del 1-O. La censura llegó desde Bélgica, Reino Unido, Alemania o Finlandia, entre otros. Fuera del continente, el titular del 'The Washington Post' por lo sucedido durante la celebración del referéndum ilegal fue: «La policía española dispara balas de goma cerca de un punto de votación catalán». La experiencia de Borrell, quien llega en sustitución de un ministro de perfil bajo como Alfonso Dastis, se considera esencial para revertir la percepción del conflicto catalán en el Exterior.

Fue ministro estrella de los últimos ejecutivos de González y candidato del PSOE a la Presidencia

El nuevo ministro ejerció como presidente del Parlamento Europeo desde 2004 a 2007 y es uno de los representantes de los socialistas españoles que han desempeñado un papel relevante en la esfera internacional desde la entrada en 1986 en la Comunidad Económica Europea. Gracias a esta experiencia, el jefe de la diplomacia dispone de una extensa agenda de contactos. Cuando Borrell levanta el teléfono, al otro lado de la frontera lo descuelgan.

Antes de dar el salto a las instituciones comunitarias, el próximo titular de Exteriores ejerció como uno de los ministros estrella en los últimos ejecutivos de Felipe González. Estuvo al mando de la cartera de Obras Públicas de 1991 a 1996. Con anterioridad, Borrell, ingeniero aeronáutico, doctor en Ciencias Económicas y catedrático de Matemáticas Empresariales, desempeñó durante siete años la función de secretario de Estado de Hacienda.

Ascenso y caída

La gran oportunidad le llegó tras la llegada al poder del PP en las elecciones generales de marzo de 1996. El PSOE optó por Joaquín Almunia como secretario general, pero las bases eligieron a Borrell como candidato a la Moncloa. Y como Sánchez, tuvo que luchar con el aparato para lograrlo.

La bicefalia socialista concluyó con un rotundo fracaso. El nuevo ministro de Exteriores renunció a sus aspiraciones a la Moncloa hastiado de luchar en un frente interno y otro externo. Su renuncia se materializó en mayo de 1999 después de destaparse una trama de corrupción en la que estaba implicado Josep María Huguet, un antiguo colaborador suyo de su etapa en Hacienda. «He dicho -justificó en su adiós- que soy un corredor de fondo. Y lo soy. Pero no se trata de mantener la carrera a cualquier precio». Nunca fue imputado. Un año después, Almunia fue barrido en las generales, donde el popular José María Aznar alcanzó la mayoría absoluta.

En los últimos años, el próximo jefe de la diplomacia se ha volcado en combatir el independentismo, aunque rechazó acompañar a Miquel Iceta en las listas del PSC al Parlament en las elecciones de diciembre pasado. «Estoy dispuesto a participar en los debates de los que depende el futuro del país, pero ya no tengo ambición personal», afirmó en una entrevista reciente.

Tanta implicación en la cuestión catalana ha llevado a Puigdemont a reaccionar con furia a la designación. «Veo que los socialistas quieren continuar dividiendo Cataluña entre los infectados y los que desinfectan», censuró el expresidente huido. Otro antiguo peso pesado socialista, José Bono, aplaudió ayer el nombramiento del jefe de la diplomacia. «Que no ha habido pactos secretos o inconfesables lo demuestra que Sánchez haya colocado a Borrell como ministro», afirmó el también expresidente del Congreso ante las acusaciones de Ciudadanos sobre posibles contraprestaciones de Pedro Sánchez por el apoyo del secesionismo a su moción de censura.

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