Un perito de la Guardia Civil declara que la «paliza» de Alsasua fue planificada

Juicio por la agresión de Alsasua./Fernando Villar (Efe)
Juicio por la agresión de Alsasua. / Fernando Villar (Efe)

Afirma al tribunal que el ataque «no fue un hecho casual» y que el procesado Jokin Unamuno, vinculado al movimiento Ospa, lo encabezó al saber que los agentes estaban en el bar

Mateo Balín
MATEO BALÍNMadrid

Sigue la fase testifical en el juicio contra ocho procesados por delitos de lesiones y amenazas terroristas por la agresiones a dos guardias civiles y sus parejas en Alsasua. Un perito de la Guardia Civil, miembro del Grupo de Información en la comunidad foral, ha declarado hoy al tribunal de la Audiencia Nacional que el ataque fue planificado y no se trató de un «hecho casual».

El agente, que además de trabajar en información fue el instructor de la detención de los jóvenes, ha señalado al acusado Jokin Unamuno -vinculado al movimiento Ospa Eguna para expulsar a las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado de Navarra y el País Vasco- como la persona que originó las agresiones en el bar Koxka de Alsasua. En concreto, dijo, lo hizo al conocer que en el local se encontraban el teniente y el sargento de la Guardia Civil la madrugada del 15 de octubre de 2016.

Durante su relato, ha argumentado la relación de dos de los procesados con el Ospa Eguna en varios hechos anteriores a la agresión. Afirmó que Unamuno ya había tenido algún «contacto» con el teniente atacado por acciones vinculadas al movimiento radical junto al también procesado Adur Ramírez de Alda, cuya defensa sostiene que no se encontraba en el lugar de los hechos aquella noche.

Detalló que en las jornadas de puertas abiertas de la Guardia Civil en Alsasua, el 15 de junio de 2016, se produjo una concentración espontánea del movimiento Ospa Eguna en la que intervino el teniente. Un segundo acto fue el Ospa Eguna de 2016, convocado por Jokin Unamuno y, aunque «no fue especialmente conflictivo» -solo hubo pintadas y lanzamiento de bengalas-, también se produjo un contacto con el agente.

El tercer incidente que ha relatado el perito tuvo lugar en la misa celebrada en los Capuchinos de la localidad con motivo de la patrona de la Guardia Civil, el 12 de octubre de 2016. Alrededor de ocho personas, entre ellas Jokin y Adur, se pusieron en la puerta de la iglesia y se les pidió que se fueran. El teniente también estaba en esa ocasión.

Por último, el perito ha mencionado un cuarto incidente, en esta ocasión ocurrido en la localidad de Echarri-Aranaz, muy próxima a Alsasua, que acogió a principios de septiembre de 2016 una manifestación «no comunicada» cuyo lema era «Por lo presos enfermos, amnistía total. Los presos en lucha, nosotros también». Según este agente, se trata de una manifestación «atípica», que «no es la tradicional» en favor de los presos y que la Guardia Civil encuadra en la «disidencia de ETA», de un movimiento más radical que no acepta el fin de la violencia de la banda terrorista.

Unamuno y Ramírez participaron en esa manifestación, según el testigo, que ha precisado que el teniente agredido acudió en su labor de seguridad y control.

«Fue emocionalmente muy fuerte»

Anteriormente compareció la médico forense que examinó a los dos guardias civiles y sus parejas y ha asegurado que sus heridas eran compatibles con las patadas y puñetazos de las que dijeron haber sido víctimas. Al teniente, ha explicado, se le rompió el tobillo por dos sitios, lo que es muy «poco probable» que responda a un tropiezo con un bordillo, que suele causar esguinces. «Tiene que ser algo que haya impactado con ese tobillo directamente con alta energía», ha relatado.

También presentaba una herida en el labio que tampoco puede, a su juicio, responder a una caída. «Cuando te caes te das en las partes sobresalientes de la cara, pero el labio no es una parte saliente, es más compatible con un puñetazo», ha dicho.

Sobre el sargento agredido, ha explicado que sus contusiones eran también compatibles con patadas y puñetazos y ha destacado un hematoma «muy importante» en el muslo que, un mes después, seguía sin haber desaparecido, cuando normalmente se curan en una semana. «Cuando le vi al mes todavía continuaba con el hematoma en evolución, le recorría todo el muslo».

La novia del teniente, residente en Alsasua, también fue explorada por esta médico, que ha relatado que padeció tendinitis en el hombro, dolor dorsal y abdominal y hematomas en el glúteo. Pero las secuelas más importantes eran psicológicas, ya que «comía mal, tenía pesadillas, no salía a la calle» y no podía dormir.

«Estaba llorando en mi consulta -ha dicho-, estaba llorando sobre todo porque era de allí, conocía a la gente, habían sido sus amigos, no entendía cómo la podían haber agredido, para ella resultó emocionalmente muy fuerte».

Las lesiones de la pareja del sargento, que tenía dolores en el muslo, contractura vertebral y tuvo que llevar un collarín cuatro días, también eran compatibles, según esta experta, con los golpes que ella dijo haber sufrido esa noche.

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