Un acuerdo político sin apretones de mano

P. DE L . H. MADRID

No hubo apretones de manos al terminar el crucial pleno de presupuestos en el Congreso entre los actores políticos que participaron en su elaboración. Al contrario. Mariano Rajoy se garantizó ayer agotar la legislatura aunque sea con una prórroga de las cuentas en 2019, pero todo en la gesticulación de Albert Rivera demuestra que no dedicará su tiempo a ponerle las cosas fáciles. La ofensiva política, visible en todas y cada una de sus recientes declaraciones públicas, quedó plasmada en una imagen: su desaire al ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, al abadonar el hemiciclo.

Fueron solo unos segundos, pero de enorme simbología. El ministro volvía a su escaño tras felicitar al presidente del Gobierno y abrazar a la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, cuando se topó con el líder de Ciudadanos en las escaleras. Ni una palmada en la espalda. Ni una sonrisa forzada. Rivera miró al frente y aceleró el paso camino a la puerta de salida. La escena fue tan chocante que hubo quien preguntó a Rajoy si la entendía como prueba de que no podrá contar con el apoyo de los liberales en las cuentas del año próximo. «No puedo entender eso», replicó. El jefe del Ejecutivo achacó lo ocurrido a un despiste involuntario y pidió ceñirse a la votación. «Lo importante hoy -adujo- no es lo anécdótico».

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