El PP rescata la reforma para dar la alcaldía al partido más votado

Reunión del Comité de Dirección del Partido Popular presidida por María Dolores de Cospedal. /David Mudarra (Efe)
Reunión del Comité de Dirección del Partido Popular presidida por María Dolores de Cospedal. / David Mudarra (Efe)

Los populares se conjuran contra los pactos de la oposición en vísperas de la moción de censura contra Cifuentes

Nuria Vega
NURIA VEGAMadrid

No hay regla escrita que garantice la alcaldía al partido ganador. El PP lo sabe bien. En 2015, los pactos sellados entre fuerzas de la izquierda impidieron a los populares conservar plazas tan relevantes como Madrid o Valencia, pese a haber vencido en número de votos. Los acuerdos postelectorales se tradujeron en una pérdida muy importante de poder para la formación conservadora, que volverá a dar la batalla en el Congreso para que sea la lista más respaldada la que gobierne en los ayuntamientos tras las elecciones municipales de 2019.

Las expectativas de éxito de la proposición no de ley son reducidas, aunque fuentes populares dicen estar abiertas a introducir modificaciones en el texto que el grupo parlamentario está terminando de perfilar. En realidad, no es la primera vez que el PP intenta promover la reforma. Ya en 2014 puso sobre la mesa la iniciativa. Contaba entonces con una imponente mayoría absoluta en el Congreso, pero a pocos meses de los comicios municipales, y a riesgo de ser entendido como un intento de cambio interesado de las reglas del juego, accedió ante el PSOE a posponer el debate.

Un año después, la propuesta apareció reconvertida en promesa electoral en el programa con el que Mariano Rajoy se presentó a las generales de 2015. «Debería establecerse una prima de gobernabilidad a aquellos partidos que hayan ganado claramente las elecciones y con una distancia considerable de la segunda fuerza para asegurar que las opciones de gobierno responden fielmente a la voluntad de los ciudadanos», rezaba el texto.

La fórmula pasaría así por conceder la posibilidad de gobernar a la lista que logre un porcentaje de votos determinado -podría ser inferior al 40%- y que, además, saque una ventaja concreta a su rival inmediato. Además, los populares contemplan la posibilidad de introducir una segunda vuelta.

Pero más allá del método, la reivindicación es en sí uno de los ejes de precampaña del PP, que intentará desacreditar la eficacia de los pactos a varias bandas de la izquierda. Rajoy viajará, de hecho, el 5 de mayo a Alicante. Allí los populares recuperaron la semana pasada la alcaldía tras la dimisión del socialista Gabriel Echávarri, imputado por supuestos delitos administrativos. Y la ciudad servirá de trampolín para lanzar la propuesta con mayor empaque.

Ciudadanos y la izquierda

Por otro lado, se trata de un terreno en el que PP aspira a poner a Ciudadanos en la tesitura de pronunciarse. Aunque la filosofía de los liberales ha sido hasta ahora respetar la lista más votada, el partido de Albert Rivera podría querer abandonar su rol de bisagra y acceder con su propio programa a los gobiernos de las ciudades y autonomías en juego en las próximas elecciones. Y, en este contexto, los populares intentan presentar a su adversario en el centro derecha como una organización dispuesta a llegar a acuerdos con la izquierda.

Ese es el mensaje desde que estalló el escándalo del máster de Cristina Cifuentes. El PP, que se resiste a forzar la dimisión de la presidenta madrileña, trata de evidenciar que, llegado el caso, Ciudadanos sería capaz de apoyar la moción de censura del PSOE, aun estando respaldada por Podemos.

Mientras tanto, desde la formación de Albert Rivera no mostraron hoy inconvenientes a participar en una negociación sobre la reforma de la ley electoral, objeto de debate en estos momentos en una subcomisión en el Congreso. «Nosotros -avanzaron fuentes del partido- defenderíamos la elección directa del alcalde con doble vuelta».

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