La Rioja

El PSOE asume la plurinacionalidaddel Estado español

El PSOE asume la plurinacionalidaddel Estado español
  • Sánchez logra imponer su proyecto en el partido ante el desarme y la claudicación de Susana Díaz y los barones

Ni siquiera el reconocimiento del «carácter plurinacional» del Estado, ese asunto del que el 'susanismo' hizo 'casus belli' durante la campaña de primarias, fue problema en el 39 Congreso Federal del PSOE. Como cabía prever ya en la víspera, el cónclave fue casi un paseo militar para el restituido secretario general. Y lo fue, en buena medida, porque los barones críticos renunciaron a dar batalla alguna. Tanto es así que algunos de los cuadros medios y diputados que se batieron por la presidenta de Andalucía admiten sentirse algo abandonados.

En el entorno de la sevillana se defienden. Alegan que la derrota fue tan contundente que sólo quedaba el repliegue, que no habrían tenido fuerza numérica para imponerse y que, además, en contra de lo que cabía esperar, Pedro Sánchez no ha hecho nada que exija pararle los pies. Es más, recuerdan que, al poco de ser elegido garantizó a Mariano Rajoy que estaría con él en la defensa de la soberanía nacional frente al desafío independentista de la Generalitat de Cataluña y que, en la moción de censura de Podemos, su número dos, José Luis Ábalos, puso los puntos sobre las 'íes' a Pablo Iglesias y dejó claro que Esquerra no es compañero de viaje.

El caso es que la sensación de que los barones críticos llegaron al cónclave en actitud de brazos caídos lo impregnó todo en el Palacio Municipal de Congresos en el que ayer se discutía el proyecto del 'nuevo PSOE'; un apelativo que, por cierto, no gusta nada a José Luis Rodríguez Zapatero («el PSOE es el PSOE», dijo el exlíder a su llegada al congreso). Susana Díaz se difuminó en la fila número doce del plenario. El asturiano Javier Fernández, presidente de la gestora saliente, se marchó a la hora de comer. Y el valenciano Ximo Puig ni siquiera apareció por allí hasta la noche.

El castellano-manchego Emiliano García Page ofreció su propia explicación. «Me he propuesto que este Congreso sea donde no nos enzarcemos a la primera de cambio ni haya mal rollo. Voy a evitar entrar en ninguna consideración que encuentro secundaria», dijo. Leyendo entre líneas, en sus palabras se intuía, aún así, un reproche hacia Sánchez por no haberles ofrecido «la más mínima información» sobre sus planes para cohesionar al partido, una tarea que, a tenor de algunas caras, exigirá una larga digestión.

Contrapesos

Los barones, y lo dice uno de los que más teme por su futuro, se sienten desarmados: «Vamos como los 'bobbies' de Londres, con una mísera porra en la mano». A quienes se les quejan de que ni siquiera hayan peleado por colocar a su gente en el Comité Federal, el máximo órgano de decisión e instrumento de control de la ejecutiva, les recuerdan que ahora ya servirá de poco. Porque, en el este 39 Congreso, se arpobó poner en manos de las bases decisiones que hasta ahora dependían del cónclave de notables, entre otras, la capacidad de revocar al secretario general o los pactos de Gobierno. Y eso, unido al 'cesarismo' al que conduce la elección del líder por el voto directo de las bases deja poco margen para los contrapesos internos.

El que será el portavoz de la ejecutiva, Óscar Puente, lo declaró exultante a primera hora de ayer. «Este fin de semana se acaba la etapa de las baronías», dijo. Algunos se consuelan con el pataleo desde fuera. No deja de ser paradójico, de hecho, que Alfonso Guerra, el antaño todopoderoso vicesecretario general, también pro Díaz, aprovechara la jornada para publicar un artículo tan alejado de lo que propone la ponencia socialista para hacer frente al independentismo que incluso critica al Gobierno de Rajoy por no haber aplicado ya el artículo 155 de la Constitución en Cataluña.

Apenas unas horas más tarde, el PSOE se comprometía, por primera vez en democracia, a impulsar una reforma de la Carta Magna que «manteniendo que la soberanía reside en el conjunto del pueblo español, perfeccione el reconocimiento del carácter plurinacional del Estado». Hubo, en la comisión que debatió el asunto, una enmienda en contra presentada por la delegación asturiana pero no prosperó. Sólo logró 41 votos frente a 165. Así que, tal y como defendió Sánchez en su campaña, el partido hará bandera de algo que, hasta ahora, sólo defendían abiertamente los socialistas catalanes y vascos. El texto esgrime que España debe apostar por el federalismo como única vía de solución de sus crisis territoriales. Eso sí, también añade que «en cualquier sociedad compleja y diversa, la existencia de identidades nacionales diferentes no puede convertirse en un instrumento político de dominación y segregación de unos ciudadanos sobre otros» y que «en un mundo definido por interdependencias crecientes y soberanías compartidas» el horizonte sigue siendo construir en Europa «un proyecto supraestatal».

Es, pese a todos los matices, uno de los saltos cualitativos más relevantes que se han producido en el discurso del hoy primer partido de la oposición en los últimos años, aunque a punto estuvo de hacerle sombra otro aún mayor. Y es que, esta vez, la clásica enmienda de las Juventudes Socialistas pidiendo un referéndum para «avanzar hacia la III República» logró pasar la barrera del 20% de votos en comisión y ser elevada al plenario. El audaz éxito duró , sin embargo, un suspiro. Las que, en cambio, sí se apuntaron una victoria fueron las feministas. Lograron que el partido se declare «abolicionista» de la prostitución y que rechace los «vientres de alquiler» como práctica que «mercanitiliza» a la mujer.

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