La Rioja
José Luis Ábalos conversa con Soraya Rodríguez. :: ballesteros / efe
José Luis Ábalos conversa con Soraya Rodríguez. :: ballesteros / efe

Sánchez ve conjurado el riesgo de que Iglesias le desbanque en la oposición

  • Los socialistas creen que la actuación de Podemos en la tribuna y el rechazo mayoritario a su moción de censura les ha abierto más espacio político

Las casi seis horas que pasaron en la tribuna la portavoz de Podemos, Irene Montero, y su líder, Pablo Iglesias, no sirvieron hoy para mover al PSOE de su posición. Tampoco el novedoso tono dialogante que emplearon en sus apelaciones. A estas alturas, los socialistas no se fían de las buenas intenciones de quien, desde su nacimiento político, se marcó el objetivo de desbancarlos como primera fuerza de la izquierda. Así que José Luis Ábalos, el hombre designado por Pedro Sánchez para dar réplica a la moción de censura contra Mariano Rajoy, se lo dejó claro: si quieren colaborar tendrán que demostrarlo con «hechos».

El portavoz soscialista no tuvo ocasión de intervenir ayer ante el pleno porque lo larguísimo de los discursos iniciales y las réplicas de Mariano Rajoy consumieron toda la mañana y las primeras horas de la tarde, cuando se hizo el receso para comer. Pero en las caras de sus compañeros de escaño podía apreciarse una cierta satisfacción por el devenir de la jornada. Siempre dijeron que Iglesias no había presentado su moción para derribar a Rajoy sino para emerger como la alternativa de la izquierda, cuando ellos estaban sumidos en pleno proceso de primarias. Y, a su juicio, la jugada no pudo ser más evidente ni más baldía.

El propio Sánchez se apresuró a cantar victoria a través de un tuit. «España y la izquierda necesitan hoy más que nunca al PSOE. #SomosLaIzquierda de gobierno frente al PP. La alternativa -escribió desde el despacho de Ferraz en el que siguió el debate- está en marcha». Los socialistas sostienen que Iglesias perdió la ocasión de demostrar que tiene un proyecto de país e incluso creen que fue pobre en sus críticas al Ejecutivo de Rajoy, demasiado centradas en la corrupción y con pocas referencias a la economía, dicen, o al modelo social.

No hubo, insisten, un discurso creíble. Y la prueba, a su juicio, está en que obtuvo el rechazo de la mayoría de los grupos de la Cámara. «A esto se le llama presentar una moción de censura y salir censurado», ironiza un destacado diputado.

Sacar al PP

La crítica fundamental del PSOE a Iglesias fue, de hecho, compartida por fuerzas como Coalición Canaria o el PNV. «Si de verdad lo importante es sacar al PP del Gobierno y no quién lo haga, lo podía haber demostrado hace un año, cuando Pedro Sánchez se presentó a la investidura y la artimética era más favorable -recriminó Ábalos- Ahora hace falta una mayoría absoluta que ni con nuestro 'sí' se puede conseguir; entonces habría bastado con su abstención».

Es cierto que las cosas no eran tampoco tan sencillas en la primavera de 2016 porque, de partida, el PSOE sólo tenía el apoyo de 131 diputados (sus 90, los 40 de Ciudadanos y una de Coalición Canarias) y para contrarrestar los 142 votos en contra de PP, ERC, Convergencia y Bildu, habría necesitado el sí de PNV, Compromís e IU o la abstención de los independentistas. Pero los socialistas están convencidos de que un cambio de criterio de Podemos habría provocado un reposicionamiento general a su favor.

El vasco Aitor Esteban vino a apuntalar ayer esa tesis. «En la breve legislatura anterior mi grupo estuvo dispuesto a negociar un Gobierno de izquierdas, pero la condición necesaria era que el PSOE y ustedes se pusideran de acuerdo para conformar una base mínima sobre la que articular mayorías parlamentarias. Fue evidente que no hubo voluntad para ello», dijo tras dejar claro su 'no' a la moción.

También la canaria Ana Oramas puso el dedo en esa llaga. «Pudo desalojar a Mariano Rajoy de la Moncloa con solo abstenerse y se negó por intereses personales, porque apostaban por la destrucción del PSOE y creyeron que les iría bien en unas nuevas elecciones -recriminó- Cuando pudo, no quiso y ahora, cuando quiere, no puede».

Aún queda una jornada de debate pero los socialistas dan por hecho que el peligro que para ellos podía tener la última operación de Podemos ha pasado. E incluso creen que Iglesias es hoy un rival más débil.

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