La Rioja

El Gobierno cree haber inhabilitado a Iglesias como alternativa a la Moncloa

Mariano Rajoy, en un momento de su réplica a Pablo Iglesias. :: O. CHAMORRO
Mariano Rajoy, en un momento de su réplica a Pablo Iglesias. :: O. CHAMORRO
  • Rajoy da por liquidada la estrategia del líder de Podemos y sentencia que como presidente sería un «castigo» para España

En los días previos a la moción de censura se estableció en los despachos gubernamentales la convicción de que el debate no podía desaprovecharse. Que no estando en peligro su continuidad en el poder, Mariano Rajoy tenía la posibilidad de «desnudar a Podemos» y desacreditar a Pablo Iglesias como gobernante. Sin piedad, el jefe del Ejecutivo procedió ayer con esa tarea en el hemiciclo, donde el presidente negó a su censor la capacidad de tomar el relevo en la Moncloa: «Ni le veo merecedor de ese honor, ni a España, de ese castigo».

¿Pero qué significa para el Gobierno «desmontar» a la tercera fuerza política? Hace tiempo que en la Moncloa manejan lo que llaman «la teoría de Podemos». Según esta tesis, la formación de Iglesias nació de la indignación, se alimenta de las «malas noticias» y sustenta su relato sobre una fotografía de España «en blanco y negro» que estaría distorsionada. Rajoy lo resumió en una frase. «Ha visto en la crisis y en los casos de corrupción -reprochó al secretario general del partido- una oportunidad para que se consolidara un populismo de izquierdas, pero el país no tiene nada que ver con el que usted dibuja». «Aquí -sentenció- se acaba su recorrido».

Sin concesiones, el jefe del Ejecutivo describió a un Iglesias que solo está cómodo con «el hostigamiento, la estigmatización y la destrucción» del adversario. Un líder con «una estrategia clara de acoso al discrepante». Un dirigente que divide a los españoles en «buenos y malos» según secunden o no el discurso de Podemos. «¿Se ha parado a pensar lo que esta actitud le descalifica como gobernante? ¿Cree que puede gobernar bien quien ni siquiera se plantea hacerlo para todos?», espetó Rajoy en pleno cuerpo a cuerpo con el candidato que aspiraba a la Moncloa.

No evitó el presidente personalizar su intervención. Al fin y al cabo, justifican en su entorno, el de ayer era el debate de investidura de Pablo Iglesias y la ocasión para «inhabilitar» al líder de Podemos como alternativa de gobierno. En el Ejecutivo se dieron por satisfechos. Fuentes populares secundaron que la estrategia de Rajoy logró «descolocar» a sus interlocutores, que no esperaban ni un cara a cara tan explícito ni que el presidente llevase preparados discursos distintos para responder a la diputada Irene Montero, defensora de la moción, y a su jefe de filas, encargado de exponer su programa alternativo como candidato.

Dicen los suyos que Rajoy no modificó una línea. Que había previsto el tono y el contenido de su contrincante y que pese a contar con fichas por si las intervenciones de Podemos le obligaban a improvisar, el presidente se mantuvo fiel a sus folios. No hubo cambio de planes en una estrategia que el jefe del Ejecutivo comenzó a diseñar a finales de mayo, aunque pidió a sus colaboradores discreción. Se guardaba como golpe de efecto el intervenir en el debate cuando nadie lo esperara.

Huir del fango

Es el modelo contrario al puesto en práctica por la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, que la semana pasada resolvió que fuera su número dos en el Gobierno el encargado de dar la réplica a Podemos en la moción en la Asamblea autonómica. El resultado no terminó de convencer en el partido. Tampoco que el debate se «enfangara» con acusaciones cruzadas de corrupción.

Ni los escándalos propios ni las malas prácticas ajenas. En el Ejecutivo son conscientes de que las polémicas surgidas en Podemos no son comparables a los casos judiciales en los que se han visto inmersos exdirigentes del PP. Y siendo así, Rajoy optó por centrarse en el debate «ideológico», en dos modelos de gestión, en dos visiones de la España autonómica.

En el Gobierno creyeron que si bien la oposición no comulga con el PP, al menos coincide en las críticas a Podemos. Y quisieron aferrarse a la percepción optimista de que esto contribuye a «solidificar» la alianza con los socios que apoyaron los Presupuestos. Especialmente, el PNV. Además, el presidente concedió al PSOE el estar en vías de recuperación, con las consecuencias electorales que eso podría acarrear a Iglesias.

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