La Rioja

El candidato acusa al presidente de ser el gobernante «más corrupto de España»

Pablo Iglesias felicita a Irene Montero tras la intervención de la portavoz parlamentaria. :: o. chamorro
Pablo Iglesias felicita a Irene Montero tras la intervención de la portavoz parlamentaria. :: o. chamorro
  • Pablo Iglesias e Irene Montero centran sus cinco horas de discursos en denunciar las corruptelas del PP

Unidos Podemos es propenso a los golpes de efecto y por eso en esta ocasión la sorpresa fue que el debate de la moción discurriera sin golpes de efecto. Tanto que Mariano Rajoy no tuvo problemas para replicar a Irene Montero y Pablo Iglesias con sendos discursos que traía ya escritos de casa.

Los dos dirigentes de Podemos centraron sus intervenciones en poner sobre la mesa la lista de corruptelas en las que está involucrado el PP y en denunciar unas políticas de austeridad que han dejado en estado crítico el estado del bienestar. Tanto el candidato de la moción de censura como la encargada de defenderla lo hicieron con sendos discursos largos que devinieron en tediosos.

Durante las casi tres horas en las que ocupó la tribuna de oradores, Iglesias incidió en las causas judiciales que asedian a los populares. Hasta tal punto llegó que incluso se atrevió a vaticinar que Rajoy pasará a la historia como «el presidente más corrupto de España». También miró a su izquierda. Lo hizo para señalar a los socialistas que «si hubiera voluntad política, mañana el PP estaría fuera del Gobierno». Al nuevo PSOE de Pedro Sánchez le tendió la mano. «Las circunstancias de hoy nos obligan al entendimiento», le dijo. Eso sí, insistió en que cualquier camino a recorrer juntos permanece vetado para Ciudadanos, un bloqueo que devuelve el panorama político a la misma situación que llevó a repetir las generales y a la posterior investidura de Rajoy para evitar las terceras.

Perfil calmado

Al margen de los otros partidos, lo más destacado en Iglesias fue su esfuerzo por ofrecer un perfil presidencialista, tal y como consiguió Felipe González en 1980 en una moción de censura que allanó su camino hacia la Moncloa. Para lograrlo el candidato empleó un tono especialmente calmado, muy alejado del utilizado en otras ocasiones y que le ha llevado a mantener sonadas trifulcas con el resto de fuerzas políticas. Iglesias se mostró tranquilo a pesar de, según denunció, haber sido atacado sin descanso desde la bancada popular. «No mantienen el más mínimo decoro parlamentario», dijo sobre unos diputados del PP que según afirmó le profirieron «todo tipo de insultos». Si con el PP Iglesias demostró contención, con otras fuerzas realizó un ejercicio de humildad. Al PSOE le pidió disculpas por los errores cometidos en el pasado, un gesto que repitió ante Compromís a causa de los cruces dialécticos que ha mantenido con esta formación a cuenta de la moción de censura.

A Montero le tocó ejercer de azote del PP. Durante dos horas, la portavoz parlamentar sacó a relucir las vergüenzas del PP. «No sé de dónde sacan tiempo para gobernar con tanto delinquir», atacó a los populares antes de enumerar por orden alfabético hasta 57 de casos de corrupción en los que se ha visto envuelto el partido de Gobierno en los últimos años. Fue ese el momento álgido de un discurso que acabó por hacerse demasiado largo.

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