La Rioja

PEDIR EXPLICACIONES

Los jueces más infatigables también se cansan. Quizá sepan que hay una cosa mejor que pedir justicia: no pedir nada. El magistrado Eloy Velasco, que nos caía simpático a casi todos, ha tocado por caer en la cuenta. Los interminables casos 'Lezo' y 'Púnica' le han hecho ausentarse. Puede decir, como en la copla, eso de «me voy de palabra pero no de pensamiento». Era el juez más popular de los últimos meses, porque ahora la popularidad se mide por trimestres. Los políticos más célebres caducan como los yogures y es temerario ingerir su mala leche. El rencor español, que quizá no se diferencia del de otros países, se distingue porque aquí hubo una Guerra Civil que, aunque ahora la llamen incivil para disimular, fue salvaje. Ahora colea con el enojoso asunto del tétrico mausoleo del llamado Valle de los Caídos, donde cayeron unos más que otros, pero la actualidad es siempre una exigencia que no admite espera y los llamados 'populismos' están frenando el avance que nos merecemos.

El ejemplo de Madrid, que sigue siendo el epicentro de todos los terremotos ideológicos, incluso de los que no tienen la menor idea de las ideologías en conflicto, no es sólo un símbolo, si no también una postura. Las calles varían de nombre sin necesidad de moverse y hay víctimas convertidas en verdugos. Nos está faltando tiempo para hacer las paces en la misma medida que nos sobra para construir el rencor, que siempre es de más larga duración porque se edifica con materiales duraderos. «No hay olvido», dijo el gran poeta Luis Cernuda, al que por cierto sólo yo recordé en la prensa española al día siguiente de su muerte. Escribía por aquel entonces en el 'Ya' y hablé del ruiseñor y de la piedra, que era un título suyo. Ahora, en la vejez, sé que las piedras duran más que los ruiseñores, que tienen «más voz que carne». Pongamos oído, porque van a pasar cosas.

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