La Rioja

Rajoy desoye al Congreso y blinda a su ministro de Justicia reprobado

Catalá conversa ayer en el Congreso con Francisco Martínez, exsecretario de Estado de Seguridad . :: i. gil
Catalá conversa ayer en el Congreso con Francisco Martínez, exsecretario de Estado de Seguridad . :: i. gil
  • El presidente proclama su «plena confianza» en Catalá y los fiscales y achaca la ofensiva del PSOE a su guerra interna

Madrid. Apenas empleó siete segundos en dejar sin efecto la reprobación de su ministro de Justicia. No habrá cese ni dimisión. Mariano Rajoy otorgó ayer su «plena confianza» a Rafael Catalá en el mismo hemiciclo que horas antes le retiró todo crédito por su gestión del 'caso Lezo'. El presidente hizo extensible su blindaje al fiscal general del Estado, José Manuel Maza, y al fiscal jefe Anticorrupción, Manuel Moix, pese a que el nombramiento de este último no depende del Ejecutivo. «Si usted sabe que yo no iba a cesar al ministro y a los fiscales (...) -replicó Rajoy al portavoz del PSOE-, le recomiendo que en el futuro no le haga perder el tiempo a esta Cámara».

La reprobación es una figura de carácter simbólico que no tiene «efectos jurídicos», pero sí relevancia política. A eso se aferra el Gobierno, que ya advirtió con antelación de que no atendería la exigencia del PSOE. Que a la moción de los socialistas, que sospechan del interés de Catalá y los fiscales en amortiguar los casos de corrupción que afectan al PP, se sumaran el resto de grupos del Congreso, no ha alterado los planes del jefe del Ejecutivo.

Fuentes populares señalan el riesgo de que cada semana la oposición pretenda llevarse por delante a un ministro y ven «gratuito» el reproche político del Congreso. Justifican así que el presidente hiciera caso omiso en la sesión de control de ayer al llamamiento de la Cámara y que repitiera su discurso de siempre ante la ofensiva del PSOE por los últimos escándalos de corrupción.

En todo caso, el respaldo a Catalá y los fiscales irritó a los socialistas y les sirvió como argumento. «¿Cómo va a hacerles dimitir si están haciendo lo que usted quiere que hagan, que es frenarle la avalancha de corrupción que se le viene encima?», espetó Antonio Hernando. El portavoz del PSOE acusó al presidente de «vivir a merced de la corrupción, de los tribunales y los chantajistas» desde aquel mensaje en el que aconsejó fortaleza al extesorero del PP Luis Bárcenas. Y, para recuperar la credibilidad ante la ciudadanía, le instó a olvidarse del formato de videoconferencia y acudir en persona a testificar en el juicio del 'caso Gürtel'. «Señor Rajoy, sea fuerte -le instó con sorna-, dé la cara ante el tribunal y olvídese del plasma».

En clave interna

En el PP dan por sentado que el PSOE ha decidido elevar el tono para que Pedro Sánchez no rentabilice una supuesta connivencia de la gestora socialista con el Gobierno. Los populares entienden que la estrategia de Hernando responde a que en vísperas de las primarias no es posible ni un solo gesto de complicidad con el Ejecutivo. «Creo que lo más importante en la lucha contra la corrupción es que el próximo domingo día 21 llegue su 'pentecostés' y dejen de hacer méritos para que gane uno y no pierda otro», respondió Rajoy.

El «reprobado ministro» de Justicia, como lo ha bautizado el PSOE, también se asió a la elección del próximo secretario general socialista para reafirmarse en su cargo y relativizar la censura de la oposición. «Cuando pase el humo el domingo (la fecha de las primarias) el PP seguirá trabajando». Catalá, además, salió en defensa de la Fiscalía, igual que el ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, respaldó a su secretario de Estado de Seguridad, José Antonio Nieto, y negó todo chivatazo al entorno del expresidente madrileño, Ignacio González.

En los corrillos del Congreso, fuentes del PP comenzaron a extender la tesis de que la ofensiva socialista sólo beneficia a Podemos, que ve abonada su teoría de la «trama» corrupta. Quizá por eso la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, salió al contraataque y advirtió a los de Pablo Iglesias de que no admite lecciones de un partido que «acosa» a otras formaciones, acoge a políticos con conductas «muy poco edificantes» y no logra convencer con una moción de censura a Rajoy que a sus bases se la «refanfinfla», como quedó reflejado en la baja participación en la consulta interna para apoyarla.

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