La Rioja

El Gobierno ahonda en la división de Esquerra y el PDeCAT en Cataluña

Madrid. A cinco días de que Carles Puigdemont aterrice en Madrid con su última oferta al Gobierno para negociar un referéndum independentista, Soraya Sáenz de Santamaría puso en cuestión que el presidente de la Generalitat sea la persona con la que dialogar. «Ustedes tienen al señor Rajoy por nuestro lado, ¿y por su parte? ¿Quién es el interlocutor con futuro para hablar sobre Cataluña?», preguntó al PDeCAT en el Congreso.

El Ejecutivo, que siempre ha buscado una brecha que explorar en el bloque soberanista, ahondó así en la «división» entre la antigua Convergència y su socio, Esquerra. Hasta la fecha, la persona con la que despacha la vicepresidenta del Gobierno es el número dos de la Generalitat, Oriol Junqueras. Aseguran en su entorno que se entienden con facilidad al tratarse de dos personas fundamentalmente «pragmáticas». Pero Sáenz de Santamaría reclamó ayer un interlocutor que «tenga capacidad de decisión».

No lo ha encontrado, por lo que dio a entender, a la hora de abordar la hoja de reclamaciones de la Generalitat, que el Gobierno aseguró estar dispuesto a negociar siempre que no se incluyera la consulta independentista. «Yo me fui a discutir de los 45 puntos con el señor Junqueras y el señor Puigdemont reventó la visita y cuando llegué me dijo que sólo íbamos a hablar de uno, el referéndum», reprochó en el Congreso.

El PDeCAT, que ayer se interesaba en la Cámara baja por el balance de la 'operación diálogo' emprendida por la vicepresidenta, situó, en cambio, el conflicto en el «no, no y no» del Gobierno a todo lo que tenga que ver con la consulta. «Las urnas en democracia nunca son el problema y nunca deben ser un tabú», insistió Jordi Xuclá, que alertó de que con «querellas y guerra sucia» no se parará su proceso.

Si el intercambio de ayer fue el preludio de lo que ocurrirá la próxima semana, la conferencia de Puigdemont programada en Madrid sólo constatará un conflicto enquistado. Fuentes del Ejecutivo confían en que al menos la confrontación no llegue a un punto de difícil retorno y que la Generalitat no desobedezca al Tribunal Constitucional.

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