La Rioja

Montoro conversa en un debate presupuestario con el portavoz del PNV (a la derecha). :: J. J. Guillén / efe
Montoro conversa en un debate presupuestario con el portavoz del PNV (a la derecha). :: J. J. Guillén / efe

El Gobierno contacta con el PNV como única baza para salvar los Presupuestos

  • El PP es poco optimista sobre el final del proceso, pero respalda que las cuentas se envíen aun sin acuerdo para que la oposición se retrate

Y el teléfono sonó. Superado el periodo de contención a la espera de una complicidad con el PSOE que los socialistas no pueden permitirse, el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, llamó a finales de la semana pasada al PNV. El proyecto de Presupuestos Generales del Estado estará listo para el envío a las Cortes antes de que concluya marzo y el Gobierno, a día de hoy, necesita el concurso de los nacionalistas vascos.

En los pasillos del Congreso, el portavoz parlamentario del PNV desveló ayer que había mantenido una primera conversación con Hacienda. «El ministro y yo nos vamos a juntar un día de estos y a hablar un poquito de cuál es su planteamiento», apuntó Aitor Esteban sin anticipar ninguna posición política. Según su impresión, los planes del Ejecutivo pasan por que la reunión se concrete en «las próximas semanas». «A partir de ahí -dejó en el aire el dirigente vasco- veremos las posibilidades que hay».

En realidad, no es el único movimiento del Gobierno para atraer a los nacionalistas y sacar adelante las cuentas. En la negociación de los Presupuestos van a influir esta vez múltiples factores y hace tiempo que el Ejecutivo de Mariano Rajoy trata de abonar el terreno para ganarse la colaboración indispensable del PNV.

Los gestos políticos empezaron a vislumbrarse a finales de 2016 y principios de este año. La formación de Andoni Ortuzar demandaba un cambio de actitud por parte de la Moncloa, y comenzaron a darse pasos en esa dirección. Así se entiende el acuerdo bilateral que frenó la interposición de un recurso contra la ley municipal vasca o el pacto que sacó de los tribunales la contratación de funcionarios públicos en la comunidad.

En diciembre, además, el ministro de Fomento, Íñigo de la Serna, aceptó desbloquear las obras del Tren de Alta Velocidad a su paso por Guipúzcoa y soterrar los accesos de la infraestructura en Bilbao o Vitoria. Dos reivindicaciones del Ejecutivo de Íñigo Urkullu. Fuentes gubernamentales recuerdan que en las últimas semanas se han iniciado conversaciones sobre la liquidación del Cupo, la cantidad que paga el Gobierno vasco al Estado por las competencias no transferidas y que lleva sin actualizarse desde 2007. Las diferencias de criterio son del orden de los 1.100 millones de euros.

En Vitoria también están pendientes de que se concrete la reunión entre Urkullu y Mariano Rajoy a la que el presidente se comprometió por carta el pasado enero. Aunque fuentes del entorno del lehendakari aseguraban ayer que el jefe del Ejecutivo no había señalado aún el momento del encuentro, el presidente mantiene su voluntad de celebrarlo.

Quienes forman parte de esta estrategia general de seducción se muestran más optimistas que aquellos que, aun estando en puestos directivos del PP, ven el asunto con cierta distancia. Los primeros entienden que mientras se trate de reivindicaciones económicas hay camino que recorrer con el PNV. Tienen además la percepción de que poco a poco las exigencias políticas o demandas como el acercamiento de presos etarras han pasado a un segundo nivel en el orden de prioridades. Fuentes del partido, en cambio, exhiben su desconfianza sobre el final del proceso.

Riesgo de elecciones

La perspectiva de que finalmente el Congreso tumbe las cuentas mantiene a día de hoy dividido a los populares y al Gobierno. El Ejecutivo necesita 175 votos para hacer frente a las enmiendas a la totalidad que presentarán partidos como el PSOE. Con ese bloque, que podría estar conformado por PP, Ciudadanos, Coalición Canaria y PNV, sería suficiente para lograr un empate en el hemiciclo y conseguir que las iniciativas de la oposición sean derrotadas. A partir de ahí, comenzaría la tramitación y el equipo de Rajoy estaría obligado a negociar cada punto para salvar su proyecto en la votación final e impedir que quede desvirtuado.

De no conseguirlo, hay quien cree que sería un «descrédito» para el Gobierno y la evidencia de que este Ejecutivo en minoría no tiene «fuerza para gobernar». Sin embargo, otras fuentes populares entienden que la apuesta arriesgada de Rajoy por mandar el proyecto a las Cortes, obligará al PSOE y el resto de formaciones a mojarse. «En caso de que el Congreso entre en bloqueo permanente y se tengan que convocar elecciones -explican estas fuentes-, el PP podría argumentar que lo intentó hasta el final». Porque aunque, «por ahora», el presidente no quiera ni hablar de comicios, su partido recuerda que no quedará más remedio si los Presupuestos de 2017 o 2018 no obtienen la luz verde del Parlamento.