La Rioja

Rajoy exige la colaboración del PSOE para evitar unas nuevas elecciones

Mariano Rajoy, ayer, durante la clausura del XVIII Congreso Nacional del PP en la Caja Mágica de Madrid. :: óscar del pozo
Mariano Rajoy, ayer, durante la clausura del XVIII Congreso Nacional del PP en la Caja Mágica de Madrid. :: óscar del pozo
  • El presidente advierte a la Generalitat de que no «comerciará» con quienes persiguen la «amputación terrible» de Cataluña

Habrá proyecto de Presupuestos, se enviará al Congreso antes de Semana Santa y el PSOE tendrá que mojarse. Esta es la conclusión que extrajeron ayer los dirigentes populares que integran el nuevo Comité Ejecutivo de Mariano Rajoy. Ninguno de ellos escuchó al presidente plantearse un adelanto electoral, pero entendieron que si este Ejecutivo no es capaz de salvar las cuentas de este año ni las del siguiente, no hay más destino que volver a las urnas.

Rajoy vuelve a situar la responsabilidad de que la legislatura avance en manos del PSOE. En el discurso de clausura del XVIII Congreso Nacional del PP no citó ni una sola vez de manera explícita a los socialistas, los englobó en «las demás fuerzas políticas», pero ellos eran el destinatario del mensaje. «En la investidura no dijeron sí, nadie quiso comprometerse ni un paso más de lo indispensable para que no se repitieran las elecciones -repasó-; confío en que se imponga la sensatez».

Hace tiempo que el Gobierno mantiene conversaciones con el PSOE y con Ciudadanos. Fuentes de Hacienda confirman que después de Navidad, el Ejecutivo se puso en contacto con ambos partidos. No hay, sin embargo, negociación formal abierta. No puede haberla, recuerdan desde la Moncloa, ante «el rechazo» de los socialistas, inmersos en un proceso de renovación, a consensuar el proyecto de cuentas.

El mes pasado este escenario preocupaba de manera relativa. Fuentes de Consejo de Ministros se mostraban comprensivas con la segunda fuerza y se daban por satisfechas con el pacto alcanzado con el PSOE para la aprobación del techo de gasto y los objetivos de estabilidad. Este acuerdo garantizaba el cumplimiento de los compromisos con Bruselas, por lo que la prórroga de las cuentas de 2016 no suponía un problema real. Los populares esperaban ya la negociación de los Presupuestos de 2018. Pero la candidatura de Pedro Sánchez a la Secretaría General de los socialistas, entre otras consideraciones, ha trastocado los planes del Gobierno.

Si su victoria supone el fin de la colaboración bipartidista, actualizar las cuentas ahora se convierte en un «objetivo político de primer orden», admiten fuentes del PP. De lo contrario, advierten, será inevitable disolver las Cortes. Es por eso que Rajoy se comprometía ayer a realizar «concesiones», siempre y cuando no supongan derogar las reformas de su anterior mandato, y llamaba a la oposición a «aprender a trabajar con un Gobierno en minoría». «Han sido los primeros en repudiar las mayorías absolutas y ahora tienen una oportunidad de oro para demostrar que no son necesarias», retó.

En la cúpula de su partido no son, sin embargo, demasiado optimistas. Si acaso, la formación mira al País Vasco y confía en que la negociación sobre el cupo afloje la resistencia del PNV como primer paso hacia la aprobación presupuestaria. Por lo que pueda pasar, fuentes de la formación advierten de que en verano todas sus estructuras estarán actualizadas y listas para cualquier batalla electoral. María Dolores de Cospedal, por si acaso, arengó a los 3.128 compromisarios del PP a recuperar la unidad del centroderecha y a los «votantes perdidos». «No podemos confiar -avisó la número dos de partido- en que la izquierda de este país vaya a obrar por mucho tiempo conforme a los intereses generales».

El jardinero y el cirujano

Mientras tanto, el segundo gran desafío para el presidente del Gobierno es el independentismo catalán. Buena parte del discurso estuvo centrado ayer en dejar meridianamente claro a la Generalitat que, ante la convocatoria de un referéndum, no es no. «No vamos a tratar ni a comerciar sobre un proceso que pasa por encima de la Constitución -reiteró-, y nadie nos puede pedir que seamos cómplices de esa arbitrariedad».

Es su única estrategia ante un soberanismo a su entrender cada día más radicalizado y la intensidad de sus advertencias alcanzó un nuevo pico. Acusó a los independentistas de «engañar» a los catalanes, a quienes recordó las consecuencias de la ruptura: salida de la Unión Europea y dificultad para sostener los servicios públicos. «Un proceso de secesión no es una poda agradable hecha por un amable jardinero, sino que es una amputación terrible y dolorosa que no hay cirujano que la salve», avisó sin contemplaciones. El único camino que señaló a Carles Puigdemont es el de la ruptura con los extremistas y la vuelta a la cohesión desde Cataluña.