La Rioja

PODEMOS HA HABLADO

Y, de repente, el partido político Podemos, que había nacido de la fraternidad y de la amistad universal, se hizo 'shakespereano'. Era como si el capitalismo hubiera mordido el corazón de los incorruptibles de una manera inesperada, invisible, camuflada. Ah, el capitalismo y sus metamorfosis y sus dedos alargados. La ambición de poder también es vieja política. El desencuentro entre Pablo Iglesias e Íñigo Errejón remite a la vieja maldición de España. No fue un debate interno lo que había en Podemos. Lo que había era la codicia del mando. Porque en España nunca hay debates: lo único que se dirimía en el Congreso de Podemos era quién se quedaba el poder. Desde este punto de vista, Podemos ha resultado ser un partido profundamente español. Vamos, es un clásico de la historia de España: el vil enfrentamiento.

Todos los abrazos que se dieron los 'pablistas' y los 'errejonistas' fueron mentira. La única que fue consciente de que William Shakespeare había aterrizado en Podemos fue Carolina Bescansa. Ella sí eligió el bien común. Y dimitió. Por supuesto que las tesis de Pablo Iglesias y las de Íñigo Errejón tenían puntos de encuentro significativos y más que suficientes para haber evitado la guerra civil en Podemos. Y Bescansa lo sabía, por eso hizo de intermediaria, pensando que se trataba de un debate de ideas. Pero en el capitalismo no hay ideas, solo hay codicias. Y Pablo e Íñigo estaban codiciando. También Vladimir Lenin codiciaba. Me encanta la izquierda 'shakespereana'. Sólo que en España tenemos una propensión al esperpento, como ya nos advirtió Valle-Inclán. ¿Por cierto, en Podemos se lee a Valle-Inclán? Lo gracioso es que cuando Pablo Iglesias llegue a la Presidencia del Gobierno, que llegará, aplicará las tesis políticas de cuño socialdemócrata de Íñigo Errejón, porque fuera del capitalismo no hay nada.

Vistalegre II ha sido el final melancólico de la fiesta de la amistad. Y eso tenía su épica. Cientos de jóvenes gritando 'unidos'. Reivindicaban para su partido algo que no hacen para la pobre España, que está consumida por la desunión. La unión es siempre la garantía del éxito. Lo intuían muy bien todos los militantes de Podemos. Ahora Pablo Iglesias tiene la cabeza adolescente de Íñigo Errejón en bandeja de plata. Pobre Errejón, un posibilista nadando en una España calentada, inflamada. Íñigo y sus maneras integradoras, sus ojos aniñados, su mirada amorosa sobre el mundo. Íñigo quería ser Gandhi. Y se lo ha comido un orador más fiero, más español, más 'guerracivilista'. Lo irónico es que si en vez de votar las bases hubiera votado el electorado de Podemos, habría ganado Errejón. Las bases de los partidos, pasa también en el PSOE, están locas y aman el suicidio. Pero la locura también es hermosa, sobre todo en España, ese viejo país romántico.

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