La Rioja

Caja Mágica, primer set

Sanz y Ceniceros, junto al resto de dirigentes del PP, aplauden a Mariano Rajoy ayer en la clausura del congreso. :: newsphtopress
Sanz y Ceniceros, junto al resto de dirigentes del PP, aplauden a Mariano Rajoy ayer en la clausura del congreso. :: newsphtopress
  • El entorno de Ceniceros admite que carece en Génova de la influencia de su rival pero promete seguir dando la batalla

  • Sanz y sus fieles salen reforzados de Madrid en su pulso por liderar el PP riojano

Madrid. Cuando Rafael Nadal, cuatro veces campeón en esta Caja Mágica hoy dominada por las gentes del PP, era un crío e iba perdiendo un partido, cuenta su tío Toni que solía calmar sus nervios y aplacar su contrariedad prometiéndole que disponía de poderes mágicos, precisamente, para provocar un aguacero que obligara a suspender el juego. Cosa que una vez ocurrió, por casualidad desde luego, de modo que el pequeño Rafa creció pensando que si las cosas iban mal, no había de qué preocuparse. Llegaría el diluvio y sus problemas desaparecerían. Una anécdota que tal vez en algo reconforte a José Ignacio Ceniceros y sus leales. Porque también puede suceder que un día de éstos los cielos se abran, descarguen rayos y truenos y el feo aspecto que presentan sus ambiciones de hacerse con todo el poder del PP riojano también se aclaren y ofrezcan una imagen más saludable.

A semejante prodigio se agarra la facción crítica con Pedro Sanz y los suyos. Porque del análisis frío y despegado de la realidad se desprende todo lo contrario: quien viajara a Madrid para el congreso ayer clausurado pensando que entre bambalinas se obraría el milagro de que el dedo de Génova se inclinara del lado de quienes claman por un cambio de modelo en el PP riojano se van como vinieron. Incluso más pesarosos. El recuento de daños es desolador para sus pretensiones. Sanz sigue siendo el jefe, así le distinguen sus camaradas del PP nacional y se mueve bajo los focos y fuera de ellos con la soltura de la que carecen sus adversarios. Y no sólo coloca a Gamarra de nuevo en el equipo cercano a Mariano Rajoy, sino que se permite un lujo propio de los peritos en el arte del billar: de carambola sitúa a su fiel Emilio del Río en la órbita del jefe máximo, como vocal en la nueva ejecutiva que ayer fue votada casi por aclamación. Ese tipo de unanimidad a la búlgara antaño también habitual en La Rioja: el tiempo dirá, de aquí al congreso de abril, si entre los militantes riojanos vuelve a triunfar un consenso parecido.

Una posibilidad que ahora parece más cercana. Ceniceros cuenta a su favor con el poder que significa ocupar el Ejecutivo regional, por supuesto, pero su peso a escala nacional parece mejorable. Poco le ayudan sus lugartenientes más pretorianos, todo lo contrario de lo observado en el sector que pivota alrededor de Sanz. Que dispone de un amplio apoyo para ganar la batalla de liderazgo: no sólo su crédito entre la afiliación de Logroño es más elevado, como se deduce de la presencia en sus filas de la aspirante y alcaldesa Cuca Gamarra, sino que sabe reunir nuevos respaldos: según fuentes consultadas en ambos sectores, Calahorra y Haro también votan por Sanz. Y a ese granero arrimará también su propio botín el delegado del Gobierno, Alberto Bretón.

La suma de fuerzas da por ahora un resultado que resulta imposible de superar para las menguadas huestes de Ceniceros, donde además no se detecta una estrategia cabal para alcanzar su ambición de otorgar a su líder la doble corona: ser a la vez presidente del Gobierno y del PP, como era norma cuando Sanz ostentaba ambos cargos. La mesa circular donde el todavía presidente de los populares riojanos convocó a sus pretorianos a compartir el almuerzo del sábado era la mesa del poder: frente a ellos, en fila india, recogían su menú los afines a Ceniceros. Una imagen perfecta para describir la actual correlación de fuerzas.

Así que de Madrid salen los contendientes en situación desigual. El primer asalto ya tiene ganador y se refleja en esa foto de la presidencia del congreso: allá arriba, sobre el escenario central, el presidente del Gobierno regional estaba solo. A Sanz le acompañaban sus dos alfiles. Quedan seis semanas para su propio congreso. Muy poco tiempo para que la facción crítica se rearme, pero mucho tiempo (tal vez demasiado) para que nazca lo que más temen los incondicionales de Ceniceros: las deserciones. Y las purgas. Purgas en ambas partes: cómo se vayan alinear los 41 compromisarios que formaban la delegación riojana en cada uno de los bandos promete emociones fuertes, así en el Gobierno como en el partido.

Porque no habrá paz para los populares riojanos mientras una de las dos partes intuya que puede llegar al primer fin de semana de abril en mejores condiciones de las que acredita ahora. Desde el lado de Ceniceros se admite con la boca pequeña que el predicamento de Sanz en la sede nacional supera a la capacidad de influencia de su líder. Pero también se anuncia que no dan su brazo a torcer. Que cuentan con recursos suficientes para hacer la vida algo más difícil a los amos del aparato: aunque la victoria les parezca lejana, tal vez se hayan dejado conquistar por la misma magia que fortaleció al pequeño Rafa Nadal. Tal vez también haya un milagro para ellos.

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