La Rioja

Rajoy sitúa a Gamarra y del Río en su dirección

A la izquierda, la alcaldesa de Logroño, Cuca Gamarra, durante su participación en el cónclave popular, flanqueada por Pablo Casado. A la derecha, el presidente riojano, José Ignacio Ceniceros, participa en la ponencia económica del Congreso. :: newsphotopress/pp
A la izquierda, la alcaldesa de Logroño, Cuca Gamarra, durante su participación en el cónclave popular, flanqueada por Pablo Casado. A la derecha, el presidente riojano, José Ignacio Ceniceros, participa en la ponencia económica del Congreso. :: newsphotopress/pp
  • El presidente del PP exige primar la «integración» en los congresos regionales que, como en el caso de La Rioja, se dispone a celebrar su partido

  • La alcaldesa repite como vocal y el diputado se encargará del área de Cultura y Participación Social

Madrid. Concluía Mariano Rajoy su discurso de ayer en Madrid, minutos antes de desvelar la formación de su nuevo equipo tan parecido al anterior, cuando pobló su discurso de una contundente sucesión de frases que parecían dirigidas a esa esquina de la Caja Mágica donde se agavilla este fin de semana la representación del PP riojano. Algunos de los miembros de la delegación se removieron inquietos en sus asientos mientras el jefe máximo pronunciaba la palabra, en efecto, mágica: la palabra integración. Porque Rajoy decidió concluir su intervención con un llamamiento a evitar que las diferencias entre sus pares desangren a las territoriales que, como está previsto en abril en La Rioja, se disponen a celebrar sus propios congresos. En algún caso, como también ocurre en La Rioja, precedidos de profundas divisiones internas.

Así que cuando Rajoy llamaba a su militancia a aprovechar tales congresos para hacer «más grande» a su partido, lo hacía empujando suavemente a los afiliados hacia ese paraíso llamado unidad. Unidad, precisamente, fue la palabra que pronunció el reelegido presidente del PP antes de hilar ese encadenado de sentencias que a nadie del PP riojano debió dejar indiferente. «En este partido caben todos porque no sobra nadie», proclamó. Y acto seguido, añadió: «Cuanto más arriba se está en el escalafón, más obligado se está a integrar y a sumar». Porque las diferencias entre la afiliación, que Rajoy juzga razonables, no deberían desembocar a su juicio en enfrentamientos «que a nadie benefician» y que, en consecuencia, pidió evitar. «Seamos capaces de hablar entre nosotros», casi rogó.

Dicho lo cual, bebió un sorbo de agua y procedió a atacar la parte mollar de su discurso, la que esperaba su auditorio con tal grado de expectación que hubo quien chistó al resto de congregados mandando callar. Apagados los cuchicheos, fue desgranando a los miembros que forman su nueva dirección, entre quienes vuelve a figurar Cuca Gamarra, quien compartirá protagonismo con Pedro Sanz y José Ignacio Ceniceros, integrantes natos en atención a sus respectivos cargos. Y luego descendió a la letra pequeña de los nombramientos, donde el sector oficial del PP riojano enrolado en torno a Sanz se llevó el premio (nada menor para el agraciado) de situar a Emilio del Río en la cúpula que pilota al conjunto del partido desde la sede de Génova. Allí tutelará el diputado en el Congreso la cartera de Cultura y Participación Social, botín que habrá que endosar también en el haber de Sanz, de quien Del Río continúa siendo destacado alfil en estos tiempos de turbulencias.

Así debe por lo tanto entenderse su elección: como una concesión del PP nacional al (todavía) jefe máximo del partido en La Rioja. Pedro Sanz coloca a Del Río en el selecto sanedrín que cada semana decide la estrategia popular y envía de rebote un mensaje contundente al sector agrupado en La Rioja en torno a Ceniceros. También sirve como recado para aquellos militantes que todavía dudasen de quién manda realmente en su casa y quién tiene la idea de seguir haciéndolo. Las caras largas con que desfilaban los fieles a Ceniceros hacia las urnas donde aguardaban sus votos, destinados a sancionar la lista de Rajoy sin graves discrepancias, evidenciaban la desmoralización que se empieza a observar entre sus filas. Y la satisfacción, lindante con la euforia, que prevalecía entre Sanz, Gamarra, Del Río y resto de afines recuerda aquella cita de Churchill: después de cada elección, sólo hay un ganador.