La Rioja

Rajoy resguarda a Cospedal de la tormenta

Mariano Rajoy, rodeado de algunos de los dirigentes populares. :: óscar del pozo
Mariano Rajoy, rodeado de algunos de los dirigentes populares. :: óscar del pozo
  • El presidente apuesta por la continuidad y reafirma a su mano derecha pese al malestar del partido por la acumulación de cargos

María Dolores de Cospedal ya tiene su congreso de Valencia. Si en aquel cónclave de 2008 fue Mariano Rajoy quien se supo cuestionado, la secretaria general recordará siempre estos dos días en la Caja Mágica de Madrid en los que el partido a punto ha estado de poner fin a su cúmulo de cargos orgánicos e institucionales. El paraguas del presidente puso a resguardo ayer una vez más a la número dos del PP cuando al filo de las siete de la tarde el presidente confirmó que no cambiaría a su mano derecha en la sede de la calle Génova.

La intensidad de los aplausos a Cospedal en el plenario puesto en pie hizo bueno el pronóstico del exvicesecretario de Organización, Carlos Floriano, que horas antes había advertido: «La gente apoyará lo que el presidente Rajoy decida». En realidad, visto con perspectiva, ocurrió lo previsible. Pero la tormenta desatada el día anterior en el debate sobre los nuevos estatutos del PP, amenazó con enturbiar la continuidad de la secretaria general, que ejerce al mismo tiempo de ministra de Defensa y presidenta de los populares en Castilla-La Mancha.

La enmienda 'antiCospedal', crítica con la omnipresencia de la dirigente castellano-manchega en el Gobierno y el partido, se rechazó por tan solo 25 votos en uno de los momentos más tensos del congreso. El escaso margen hizo que el autor del texto, Francisco Risueño, llegara a cuestionar el método de votación, a mano alzada, y a pedir los vídeos registrados por las cámaras del recinto. «María Dolores de Cospedal tiene una deuda política y vitalicia con Fernando Martínez-Maillo», acusó al vicesecretario de Organización, que ha sido el coordinador de la ponencia de estatutos.

A lo largo de la jornada, dos miembros del comité ejecutivo del PP en Castilla-La Mancha dimitieron. Rogelio Pardo y Pedro García Hidalgo abandonaron con denuncias de pucherazo. Fuentes del partido enmarcaron el enfado en las guerras intestinas de la región, donde Cospedal, aun no siendo esa la percepción que tienen los populares, todavía podría dar un paso atrás y abandonar la presidencia.

Batalla soterrada

En realidad, son varias las razones que explican que tras casi una década ejerciendo como secretaria general del PP, la ministra haya llegado a este cónclave con su permanencia puesta en entredicho. Apuntan fuentes populares que como mar de fondo está el malestar de las organizaciones territoriales, que se sintieron «descuidadas» mientras la número dos del partido estuvo al frente del Gobierno de Castilla-La Mancha.

Y, siendo así, muchos sectores no llegaron a entender su afán por sumar responsabilidades en una batalla soterrada con la vicepresidenta, Soraya Sáenz Santamaría, para ganar peso e influencia. Por otro lado, sin embargo, en las filas populares se señala que también los tiempos cambian y que las bases se abren paso con demandas innovadoras. Nadie supo anticipar que la votación de la enmienda 'anti Cospedal' en la tarde del viernes podría ser tan ajustada o generar problemas reales a Rajoy. Todas las fuentes consultadas dieron por sentado que el aparato del partido funcionaría y que, al no haber ningún dirigente destacado detrás de la reivindicación, el debate se sofocaría sin mayores incidencias.

Enfado o modernización

No fue así. La propuesta que instaba a frenar la concentración de puestos en manos de un solo dirigente a punto estuvo de ser incorporada a los estatutos. «Lo que es evidente es que hay un cierto rechazo por una parte de la militancia a la acumulación de cargos», apuntó el presidente de los populares andaluces, Juan Manuel Moreno, tras observar la «división» de los compromisarios. Risueño, había argumentado, además, que cuestiones como el pluriempleo de algunos dirigentes alejan al electorado más joven del PP, que detecta en estos gestos guiños de vieja política.

¿Batalla contra Cospedal o impulso modernizador? Probablemente, ambas cosas. El cónclave ha puesto de relieve que tal vez los afiliados de la formación hayan sido algo más ambiciosos que las estructuras del PP. «Este partido está vivo y tiene ganas de participar», concluía Martínez-Maillo. Los cauces para que los afiliados tomaran la palabra, desde luego, se habían habilitado, y las 4.000 enmiendas de los delegados orientadas a rectificar las ponencias suponen un récord para el partido. Pero que la propuesta más polémica fuera votada tan sólo por 639 compromisarios es la señal de que queda camino por recorrer.

Por ahora, el PP sale del congreso con algunos avances renovadores. El sistema de doble vuelta en la elección del líder dota de mayor protagonismo a la militancia sin saltar a los congresos asamblearios a nivel nacional. Y en materia social, los populares abren la puerta a debatir sobre la maternidad subrogada. Son pequeños gestos para una formación conservadora que presume, como su presidente, de prudencia y contención.