La Rioja

Dos mundos distintos, pero ¿tanto?

Rajoy con unas gafas de realidad virtual durante su visita a las instalaciones del congreso de su partido. :: oscar del pozo
Rajoy con unas gafas de realidad virtual durante su visita a las instalaciones del congreso de su partido. :: oscar del pozo
  • En el PP miran la enmienda 'anti Cospedal' como si el partido se podemizara, y en Podemos sufren la lucha de clanes

Madrid. Que el congreso del PP se celebre en un pabellón de tenis y el de Podemos en una plaza de toros dice bastante de lo que se juega cada uno. Las zapatillas y las corbatas, los discursos, los gestos, los mecanismos, los estatutos, hasta los aparcamientos son diferentes. En Vistalegre y la Caja Mágica, no es que se definan dos partidos distintos, es que son dos planetas distintos, pero cada vez se parecen más.

Primero, las diferencias. En Vistalegre, carreras, zancadas largas como campeón de lucha libre mexicana, y un escenario vertical. Todo son gritos, consignas, puños en alto, manos al aire, pitos, bombos, tambores de guerra, asalto a los cielos, palabras sin resuello... Se encadenan las intervenciones, los discursos, las imágenes y las escenas en una sucesión casi epiléptica. Pablo Iglesias recorre el escenario de lado a lado dando palmas sobre su cabeza como un 'rolling'. En la Caja Mágica, en cambio, todo simboliza paz. Un escenario horizontal, escaños transversales que recuerdan a las olas y el horizonte del mar en una pantalla delante de la que Rajoy, con las manos posadas sobre el estrado como si esperara la sopa en un cena de gala en Buckinham Palace, toma aire y dice: «Somos adultos. Ofrecemos sentido común. No somos amigos de las revoluciones ni de los sobresaltos». A un lado, la ética de la ruptura, al otro, la ética de la serenidad. Iglesias es el rockero y Rajoy, el yerno perfecto. Todo es distinto, hasta el catering, hasta el calor de la calefacción de la Caja Mágica y la corriente ártica de Vistalegre. Hasta el bombo de una batucada y las canciones de Molotov de Podemos y el soniquete popular en una música que a alguien le recordó a las finales del mundial de patinaje artístico por parejas. Hasta la Policía que blindaba La Caja Mágica y que no apareció por Carabanchel, y hasta el parque móvil: 4.000 personas y cuatro aparcamientos llenos para el PP y, en Vistalegre, 10.000 asistentes y un parking vacío.

Margallo en una escalera

Ahora, las similitudes. Esos dos mundos se miran y de tanto observarse quizás se estén acercando. El viernes, dos compromisarios populares de Puente de Vallecas colaron en el debate medio centenar de enmiendas. Una de ellas se cargó para siempre la palabra militante. Hoy, todos son afiliados y simpatizantes. Antes del discurso de Rajoy, José Manuel García Margallo se sentó en una escalera de las gradas en un arrebato 'mayodelsesentayochista'. Por la mañana, entre algunos compromisarios se hablaba de que la propuesta que pretendía limitar el poder de la secretaria general, bautizada ya como enmienda 'anti Cospedal', se había tumbado bajo la sombra de un pucherazo. De alguna manera, las bases comienzan a manifestarse y todo este vaivén leve y soterrado, que para otros partidos es un paseo en barca por el Retiro, se vive en la cale Génova como una tormenta en el cabo de Buena Esperanza. Ahora el partido en el Gobierno adopta rasgos de partidos jóvenes -¿comienza a 'podemizarse' el PP?- y Podemos sufre por las luchas cainitas de los clanes, clásicas en los grandes buques de la política.

A Juan Carlos Monedero, que monta una hoguera con tres ramitas, le empiezan a pitar cada vez que se aparece, como a Ramoncín. Ahora ha dicho que los 'errejoners' han cambiado su manera de vestir. ¡Una chaqueta! ¡Sacrilegio podemita! En el PP, Rajoy fue el único que vestía corbata. Ya no sirven aquí ni los estereotipos de pijos y perroflautas, y quizás esa vaya a ser la primera frontera en caer. Son partidos distintos, pero ¿tanto? No les cree nadie, pero dicen los físicos que en el infinito las líneas paralelas terminan por tocarse.

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