La Rioja

Las bases de Podemos claman por la unidad

Pablo Iglesias e Íñigo Errejón se abrazan ayer al inicio de la Asamblea Ciudadana. :: marta jara
Pablo Iglesias e Íñigo Errejón se abrazan ayer al inicio de la Asamblea Ciudadana. :: marta jara
  • Iglesias y Errejón mantienen su pulso mientras crece la inquietud por el futuro del partido a partir de mañana

Madrid. La suerte está echada. A las 20:00 horas de ayer se cerró la votación después de que 155.275 personas apretaran el botón de sus ordenadores y hoy a las 14:00 horas se conocerá el vencedor del duelo al sol entre Pablo Iglesias y Errejón, una batalla interna cuyas consecuencias aún están por ver.

El último acto del choque de trenes en Podemos ha sido Vistalegre II. Sirvió para poco en lo que a restañar heridas se refiere aunque de cara a la galería abundara la liturgia conciliadora. Los 9.000 militantes que poblaron la grada recibieron a los dirigentes de su partido al grito de «unidad» pero nadie les escuchó. Sobre el estrado, las familias de Podemos hicieron la guerra por su lado durante una jornada en la que cada una se limitó a defender sus propuestas. Ni 'pablistas' ni 'errejonistas' ni anticapitalistas se movieron un ápice de sus posiciones.

Así, Iglesias se enrocó en que solo con él al mando se preservará la unidad del partido; Errejón señaló que la transversalidad es un requisito imprescindible para alcanzar la Moncloa; y los anticapitalistas insistieron en que la movilización popular es la única herramienta para derribar a Mariano Rajoy.

El divorcio entre el líder de Podemos y su todavía número dos sobrevoló cada rincón del palacio de Vistalegre. Y lo hizo desde el principio. Iglesias y Errejón subieron por separado al estrado para dar la bienvenida a la militancia. La rivalidad se reflejó hasta en los turnos de intervención y en los minutos para cada uno. Hasta eso fue objeto de disputa en los días previos a la asamblea y obligó a aplazar la aprobación del programa hasta el último minuto. Al final, ganó Iglesias por dos apariciones a una. Habló antes y después de su adversario en su calidad de secretario general y de candidato a revalidar el cargo.

Doble intervención

Iglesias tuvo intervenciones bien diferenciadas. En la primera, recurrió al discurso clásico de Podemos, el del partido que ha llegado a la política para echar a la casta del poder. La segunda, la del candidato, la dedicó por completo a su equipo. No habló de sus propuestas, solo citó nombres. Uno a uno, pronunció el de los que le acompañan en la lista al Consejo Ciudadano: Irene Montero, Pablo Echenique, Rafa Mayoral, Julio Rodríguez, Juanma del Olmo, Gloria Elizo...

A estos, concluyó en un golpe de efecto, hay que sumar otros: «Hablar de mi proyecto para la Secretaría General también es hablar de Íñigo Errejón y de Miguel Urbán. Cuento con vosotros, compañeros». Fue uno de los pocos momentos de la jornada en que la concurrencia aplaudió en pie al unísono. La intención de Iglesias era doble. Por un lado, hacer un guiño, aunque fuera de cartón piedra, a la unidad que él ha puesto en peligro al anunciar que renunciará al liderato si sus tesis son derrotadas. Por el otro, buscaba ensalzar a un equipo de colaboradores que está en el ojo del huracán desde que Luis Alegre los tachase de «cortesanos» y «conspiradores» que pretenden hacerse con el control de Podemos.

Errejón subió al estrado para defender su documento político, la otra gran batalla en estas elecciones junto a la composición del Consejo Ciudadano. El número dos se ajustó al guion previsto. «Podemos no ha llegado a la política para cantar las cuarenta a los poderosos, sino para mostrarles la puerta de salida». Y eso solo se conseguirá, añadió, si se ensancha el partido para que cada día más personas, «vengan de donde vengan», confíen en Podemos. «A partir del lunes, más juntos», reclamó con cosmética unitaria. La sorpresa estuvo en algunos silbidos que llegaron desde una parte de la grada, un síntoma más de que la división en la formación no es solo cosa de dos personas.

Incertidumbre

Aún divididos en familias, entre los dirigentes y militantes de Podemos que acudieron ayer a Vistalegre era evidente la preocupación por el futuro del partido. Según reconoció un responsable autonómico, no hay un plan B en el caso de que venzan los 'errejonistas' e Iglesias cumpla con su promesa de renunciar al liderazgo del partido. El secretario general zanjó el viernes que no va de farol, y todos en Podemos, amigos y enemigos, coinciden en que Iglesias es un hombre de palabra.

Ninguno de los documentos organizativos presentados ante la militancia en el palacio de Vistalegre contempla un caso como éste, con lo que Podemos navegaría a ciegas a partir de mañana. El mayor temor en todos los sectores, incluido el 'errejonista', es que Iglesias utilice su discurso de hoy tras ser reelegido secretario general -no hay dudas de ello- para anunciar que renuncia al cargo. Que este miedo se haya extendido demuestra que la estrategia del todo o nada del líder de Podemos ha dado en parte resultado. Hoy se sabrá si lo ha dado del todo.

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