La Rioja

Rajoy besa a Cospedal tras su intervención de ayer en la apertura del congreso del PP. :: ÓSCAR DEL POZO
Rajoy besa a Cospedal tras su intervención de ayer en la apertura del congreso del PP. :: ÓSCAR DEL POZO

El PP encaja las condenas en pleno congreso como un asunto del pasado

  • Cospedal admite que su formación tardó a veces en reaccionar ante los escándalos, pero reivindica la honestidad y firmeza de los populares

Madrid. Las filas del PP no temblaron ayer ante las condenas de prisión para los cabecillas de la trama Gürtel en Valencia. Pese a que la sombra de la corrupción amenazó con filtrarse en la Caja Mágica madrileña, donde los populares celebran su congreso, el partido aparentó durante toda la jornada haber pasado la página más oscura de su historia reciente. Convencidos de que su organización ya ha pagado en las urnas el precio de los escándalos, los dirigentes conservadores instaron incluso a la justicia a agilizar sus procesos y celebraron el funcionamiento de los tribunales. «Quien la hace, la paga, se llame como se llame», zanjó el vicesecretario de Organización, Fernando Martínez-Maillo. La sentencia del Tribunal Superior de la Comunidad Valenciana sorprendió al PP volcado en garantizarle a Rajoy un cónclave tranquilo y sin controversias. Y pronto se unificó el mensaje para situar al partido como el primer interesado en que este caso se resuelva cuanto antes. «La sentencia es buena para la democracia y para todos los partidos, muy especialmente para el PP», destacó el presidente gallego, Alberto Núñez Feijóo, al tiempo que la dirigente madrileña, Cristina Cifuentes, rechazaba la más mínima «preocupación» por las primeras condenas judiciales sobre 'Gürtel'.

Hace tiempo que los populares se afanan por situar la corrupción en el «pasado». Y quizá por eso lo que antes era tabú en los discursos políticos de la cúpula del PP, hoy se aborda casi con naturalidad. Una María Dolores de Cospedal reforzada tras su gestión del 'caso Yak-42', llegó ayer a admitir que en «algún» momento el partido tardó en reaccionar. «Nos parecía sencillamente imposible que alguna de aquellas cosas nos estuviera pasando a nosotros y, por eso, en alguna ocasión no fuimos lo ágiles que la sociedad demanda», reconoció sin temor en su discurso de gestión ante el plenario del congreso.

Del mismo modo, la secretaria general salió en defensa de la presunción de inocencia y honestidad de su organización y ensalzó que la formación haya sido capaz de pedir incluso perdón ante los escándalos que eclipsaban día sí, día también, la agenda del PP. Es más, el partido ha pasado ya de la defensa al ataque.

Rehabilitar a imputados

En las negociaciones de los últimos meses sobre el contenido de los futuros estatutos de los populares, la propuesta más relevante en esta materia aceptada por Martínez-Maillo no hace propósito de enmienda, sino que censura el reproche público al que se ven sometidos los sospechosos de corrupción. El texto, redactado en origen por el diputado grandino, Carlos Rojas, apuesta por promover la «rehabilitación reputacional» y que aquellos cargos apartados de manera «injusta» puedan ser recuperados cuando los tribunales sentencien.

En la jornada de ayer ni tan siquiera hubo una réplica a la oposición, que arremetió contra el PP tras el pronunciamiento del tribunal valenciano. Mientras Podemos acusaba a los populares de haber actuado de modo «mafioso», el equipo de Mariano Rajoy se limitó a confrontar su «cohesión» y «unidad» con los «Pimpinela» de Pablo Iglesias e Íñigo Errejón. Es lo único que pretende trasladar el presidente en estos tres días de cónclave: su proyecto «solvente», como puso en valor la presidenta madrileña, frente al caos del resto de partidos. «Has estado muy bien, Cristina», respaldó Rajoy a Cifuentes. Y fin del debate.