La Rioja

El PP negocia contra reloj para garantizar a Rajoy un congreso plácido y sin sorpresas

  • Maillo busca un acuerdo de última hora para sosegar el debate sobre la acumulación de cargos en manos de Cospedal

La actividad se intensificó en la sede de la calle Génova en las horas previas al XVIII Congreso Nacional del PP. Teléfono en mano, los vicesecretarios del partido se volcaron ayer en negociar, con más o menos éxito, hasta la última enmienda controvertida que han presentado los compromisarios y que podría generar debates calientes en el cónclave que comienza hoy en el recinto de la Caja Mágica de Madrid.

El equipo del responsable de Organización, Fernando Martínez-Maillo, lleva días intentando acercar posturas para apaciguar la polémica sobre el futuro de María Dolores de Cospedal y evitar que su caso centre la discusión en la primera sesión plenaria del congreso. Pero aun así, ayer todavía era patente en las filas populares el malestar por la acumulación de cargos en manos de quien ejerce de ministra de Defensa, secretaria general del PP, presidenta del partido en Castilla-La Mancha y diputada nacional.

Del medio centenar de propuestas en las que se abogaba por endurecer las incompatibilidades, la dirección ha conseguido reducir a menos de diez las que llegarán vivas y serán votadas. A última hora, Martínez-Maillo, y a la espera de la negociación con el resto de enmendantes, se mostraba dispuesto a que el PP se comprometa a «promover una gradual separación y limitación en la acumulación de cargos institucionales de gobierno y orgánicos del partido». Una reclamación que había dejado por escrito el número dos de Esperanza Aguirre en el Ayuntamiento de Madrid, Íñigo Henríquez de Luna.

Se trata de un gesto político que en principio no obliga a nada, pero que abre la puerta a que con el tiempo no abunden situaciones como la de la actual ministra de Defensa y número dos de la formación ni a nivel nacional ni en el ámbito autonómico o local. Un intento, en definitiva, de calmar a quienes como Francisco Risueño defienden la máxima de «un militante, un cargo». Este exconcejal de la localidad conquense de San Clemente sorprendió al partido registrando un texto en el que denuncia con nombre y apellido la omnipresencia de Cospedal. Fuentes populares sostienen, en cambio, que enmiendas como la suya no tendrán mucho recorrido en el congreso. Es cierto que, por primera vez, los 3.128 compromisarios podrán pronunciarse sobre el contenido de la ponencia política y de estatutos, y que, por lo tanto, el resultado de la votación es menos previsible. Pero desde las organizaciones territoriales dan por seguro que ninguna presentará batalla frente a la secretaria general y el presidente, y que eso influirá en la posición final de los delegados. El debate, en cualquier caso, se desarrollará a puerta cerrada durante una larga tarde-noche con hora de inicio, las seis, pero sin horizonte de cierre en el que los compromisarios podrán exponer sus posturas.

Cospedal, tranquila

Las críticas de algunos sectores no han hecho mella en el entorno de Cospedal. Tanto los suyos como el resto de dirigentes de la formación apuestan por su continuidad como número dos del PP y hay quien cree que Rajoy anunciará, incluso antes de que comience el congreso, que ella es y será su secretaria general y sofocará el debate. Puede que siga quedando entonces en el aire si el presidente opta por recuperar la figura del coordinador general o si refuerza las competencias del área de Martínez-Maillo, que se ocupa en la práctica del día a día del partido.Otros asuntos, como el aborto, la gestación subrogada o la custodia compartida, en los que el consenso ha resultado imposible, incomodan menos a la dirección.

Cuando mañana se escenifique que cohabitan en el PP diversas sensibilidades conservadoras, Íñigo Errejón y Pablo Iglesias estarán batallando por el futuro de Podemos. Y frente a esa brecha en la izquierda, fuentes populares apuntan que su congreso parecerá un «oasis de tranquilidad» y hasta de «aburrimiento». Ese es el marco en el que Rajoy se siente cómodo, sin sorpresas. El presidente, que reitera en público y privado que su partido «está bien», siempre ha pretendido que en tiempos de incertidumbre y volatilidad las siglas PP queden asociadas a la estabilidad. En este sentido, el portavoz parlamentario de los populares confrontó ayer los dos escenarios: mientras en Génova se negocian enmiendas, en la sede de Podemos en la calle Princesa están, aseguró, «a bofetada limpia». «Afortunadamente nosotros somos gente que nos entendemos -presumía Rafael Hernando en el Congreso-; otros parece ser que cada día se entienden menos».

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