La Rioja

Iglesias, el pasado enero, durante la comparecencia de la ministra de Defensa en el Congreso. :: j. s. / afp
Iglesias, el pasado enero, durante la comparecencia de la ministra de Defensa en el Congreso. :: j. s. / afp

Iglesias amaga con dejar su escaño en el Congreso si gana Errejón

  • La victoria en Vistalegre será para quien logre el control del Consejo Ciudadano y sume más apoyos para su propuesta política

Madrid. Pablo Iglesias fue ayer un paso más allá en las advertencias sobre su futuro político. El secretario general no solo renunciará al liderazgo del partido en caso de salir derrotado de Vistalegre II, sino que incluso se plantearía entregar su acta de diputado. «Desde luego dejaría la Secretaría General, lo del escaño lo hablaría con los compañeros, pero puede que sí, porque yo creo que cuando uno deja el liderazgo de un partido tiene que evitar hacer sombra a nadie», afirmó Iglesias en una entrevista en Telecinco. Por si aún quedaban dudas sobre sus intenciones, a renglón seguido apuntó que «cuando uno termina, termina y no debe agarrarse a ningún sillón». «Estamos todos de paso», añadió. El líder de Podemos nunca ha ocultado que su deseo es retomar las clases en la universidad a medio plazo, pero nadie imaginaba que podría darse la situación de que tuviera que hacerlo tan pronto, apenas tres años después de dar el salto a la política y convertir a su partido en la tercera fuerza a nivel nacional por detrás de PP y PSOE.

Mientras su jefe de filas juega la baza de ligar su continuidad al frente de la formación a que sus tesis se impongan en las votaciones del congreso que se celebra este fin de semana, Errejón mantiene que, pase lo que pase, no habrá cambios en la cúpula del partido. Las amenazas de Iglesias, sostiene el secretario político, son manifestaciones propias de una campaña electoral, aunque ello no le impide censurar lo que considera una estrategia del «blanco o negro» y del «conmigo o contra mí». El número dos de Podemos aspira a la cuadratura del círculo. Esto es, que Iglesias permanezca al frente de la formación pero controlado en los órganos de dirección por una mayoría 'errejonista' que le marque el rumbo a seguir. Si esto no es posible y el secretario general cumple su promesa de renunciar, Errejón ya ha avanzado que pondrá sus cargos a disposición de sus compañeros. Lo que ocurriría después, con las dos máximas figuras del partido dimitidas, es a día de hoy una incógnita.

Dos batallas clave

La asegurada victoria de Iglesias en la batalla por la Secretaría General hace de esa elección un asunto menor. Sin Errejón en la liza, Iglesias afronta una votación de trámite frente al parlamentario andaluz Juan Ignacio Moreno Yagüe. El verdadero duelo se dará por la composición del principal órgano del partido entre congresos. Aquí Iglesias ha jugado sus cartas. Ante la negativa de Errejón a disputarle abiertamente el liderazgo, optó por presentarse también al Consejo Ciudadano; una maniobra para medirse con él ante la militancia. El que saque más votos se apuntará un primer tanto. No obstante, la victoria final será para quien controle este órgano con una mayoría de miembros afines.

El documento político es la otra batalla a tener en cuenta en estas primarias. Si gana la propuesta de Errejón, las bases avalarán su apuesta por la transversalidad, pero si lo hace la de Iglesias será el giro a la izquierda lo que haya respaldado la militancia.

A la espera de lo que decidan los más de 450.000 inscritos, tanto Iglesias como Errejón insisten en que, sea cuál sea el resultado, las dos principales corrientes de Podemos deberán remar en la misma dirección a partir del lunes. Pero, a tenor de los reproches que siguen a las buenas palabras, parece complicado que ambos vuelvan a colaborar codo con codo. Lo confirmó ayer Jorge Verstrynge. El profesor de Ciencia Política zanjó en La Sexta que tras la guerra abierta de estas semanas «ya no puede haber tándem Iglesias-Errejón». La opinión de Verstrynge, reconocido pablista, está cada vez más extendida en la formación. Partidarios de uno y otro dirigente reconocen que, a día de hoy, las heridas son demasiado profundas.