La Rioja

España deja el Consejo de Seguridad con el objetivo de regresar en una década

Mariano Rajoy preside la reunión del Consejo de Seguridad de la ONU del pasado 20 de diciembre. :: Diego Crespo / efe
Mariano Rajoy preside la reunión del Consejo de Seguridad de la ONU del pasado 20 de diciembre. :: Diego Crespo / efe
  • En los últimos dos años se ha participado de forma activa en los debates sobre las guerras de Siria e Irak o las sanciones a Irán

Las doce campanadas de despedida de 2016 llevaron aparejada la salida de España del Consejo de Seguridad de la ONU, un foro que, aunque poco efectivo a consecuencia de sus contrapesos internos, supone estar presente en el máximo escaparate de la diplomacia internacional. A lo largo de los últimos dos años España ha tenido voz y voto en debates que han tratado de dar respuesta a situaciones como las guerras de Siria, Irak, Libia y Ucrania o las sanciones a Irán. Como norma las posiciones defendidas por Madrid se han enmarcado dentro de las reivindicaciones occidentales, en general, y de los socios de la Unión Europea, en particular.

Inocencio Arias, diplomático y embajador ante la ONU entre 1997 y 2003, lamenta que «estos dos años hayan mostrado de nuevo que, en no pocas ocasiones, el consejo es inoperante». No obstante, en términos domésticos valora que «dentro de esas limitaciones, España ha hecho oír su voz de forma adecuada y en temas importantes». Arias pone como ejemplo «la indefensión de la mujer en los conflictos armados», precisamente uno de los temas que se trató en la reunión en Nueva York que presidió Mariano Rajoy el pasado 20 de diciembre. Pese a las carencias de un órgano en las que las grandes potencias con su privilegio de veto someten las decisiones a su agenda exterior, Arias destaca la importancia de pertenecer durante dos años a este selecto club. «Los grandes -comenta- te adulan para que te alinees con ellos y los pequeños te buscan para contarte sus cuitas». Eso sí, insiste en tono crítico, «todo ello dentro del declive del consejo».

No todo son reconocimientos internacionales. Estar en el Consejo de Seguridad obliga a tomar postura y eso es algo que a una potencia media como España le acarrea problemas. Es lo que ocurrió hace dos semanas con la condena que aprobó el consejo a los nuevos asentamientos israelíes en territorios palestinos. Tanto los gobiernos de José Luis Rodríguez Zapatero como de Mariano Rajoy se han mostrado contrarios a una expansión israelí. Mantener esta posición en el Consejo de Seguridad ha tensado las relaciones entre Madrid y Tel Aviv y la primera consecuencia fue una inmediata y «enérgica» queja diplomática del gobierno ultraconservador de Benjamín Netanyahu.

Futuro

¿Cuándo toca regresar? No existen reglas escritas para que un país vuelva a pedir un hueco en el Consejo de Seguridad. De los 15 asientos que lo componen, cinco son permanentes y con derecho a veto -Estados Unidos, Rusia, Reino Unido, Francia y China-. Los otros diez son elegidos por la Asamblea General de la ONU y desempeñan la responsabilidad por un periodo de dos años. Sobre en qué momento deben hacerlo existen unas reglas no escritas basadas en que, por ejemplo, no es lo mismo el peso internacional aunque sean de la misma región de Alemania que el de Eslovenia o el de Brasil que el de Paraguay. En el caso de España, la tradición apunta a que tenga un asiento cada 10 o 12 años. Eso sí, recuerda Arias, «tienen que elegirte». Y para eso hay que planificar y gastar.

Tras abandonar el Consejo de Seguridad en 2005, el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero anunció su intención de presentar de inmediato la candidatura para el reingreso en 2015. Todo estaba preparado para que España y Nueva Zelanda resultaran elegidas dentro de la cuota del bloque occidental. Pero Turquía lanzó por sorpresa una candidatura que puso contra las cuerdas a España. Con ese problema tuvo que lidiar José Manuel García-Margallo en un momento en el que la imagen española pasaba por horas bajas. Quedar fuera del Consejo de Seguridad hubiera supuesto una humillación. Para evitarlo Gobierno y oposición remaron juntos, según ha destacado en más de una ocasión Margallo, quien también ha reconocido después de la elección que pocos albergaban esperanzas de que se pudiera superar a Turquía. Pero sucedió en una apretada votación celebrada el 16 de octubre que el rey Felipe VI escuchó en directo a través del teléfono del ministro de Exteriores. Fue un pequeño consuelo para un país que, por entonces, cotizaba a la baja en el concierto internacional.