La Rioja

PODEMOS SE ATRINCHERA EN LA PROTESTA

Diputados de Podemos y Ciudadanos se encaran durante el debate de investidura de Mariano Rajoy. :: Javier Lizón / efe
Diputados de Podemos y Ciudadanos se encaran durante el debate de investidura de Mariano Rajoy. :: Javier Lizón / efe
  • El grupo parlamentario que lidera Pablo Iglesias apuesta por los golpes de efecto en el Congreso para movilizar a sus votantes y significarse como principal fuerza de oposición al PP

Cada pleno de las dos últimas legislaturas se ha iniciado en el Congreso con dos constantes: la tradicional llamada de los diputados a ocupar sus escaños y la incógnita sobre si Podemos habrá preparado un nuevo golpe de efecto para atraer hacia sí el centro de atención.

El partido de Pablo Iglesias nació al calor de las protestas del 15-M y y desde un principio anunció que las llevaría hasta las instituciones. Pero no son esos orígenes en la Puerta del Sol la única razón que lleva al partido morado a hacerse notar cuando asoma la oportunidad. Buena parte de los cuadros de Podemos se ha formado en la facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense de Madrid, y lo que allí se enseña es que, en su justa medida, levantar expectación se traduce en un aumento de poder. Lo que no dicen los manuales es hasta qué punto llegar. La cuestión así es: ¿va Unidos Podemos demasiado lejos con su puesta en escena?

Iglesias y los suyos dejaron claras sus intenciones a las primeras de cambio. El 13 de enero los diputados de Podemos se sentaron en el hemiciclo por primera vez. El anticipo de lo que vendría después y posiblemente espera a lo largo de la presente legislatura fue la fórmula de asumir el cargo. Lejos de los tradicionales «yo juro» o «yo prometo», cada uno de ellos se comprometió a «acatar la Constitución y trabajar para poder cambiarla. Nunca más un país sin su gente y sin sus pueblos».

La decisión de no secundar el minuto de silencio que se dispensó a Rita Barberá en el Congreso ha sido hasta el momento el último capítulo de una larga lista de imágenes que van desde abandonar el pleno después de que el portavoz popular, Rafael Hernando, acusase a Iglesias de «haber usado el nombre de España para ponerse a la venta de dictadores y regímenes extranjeros como el de Venezuela y el de Irán» hasta no aplaudir el discurso del Rey durante el tradicional acto de apertura de las Cortes.

Según sostiene el politólogo riojano Pablo Simón, Unidos Podemos apuesta por «visibilizar ante el electorado que son un auténtico partido de oposición al que, además, las instituciones no han logrado encorsetar». Esta estrategia, entre otras cosas, le permite diferenciarse de un PSOE al que Iglesias trata de superar para erigirse en líder de la oposición y de la izquierda. «Se trata de ir un paso más allá», resume Simón para explicar esta actitud combativa de Podemos.

La ausencia en el minuto de silencio por la exalcaldesa de Valencia ha abierto un debate general sobre la actitud de Unidos Podemos ya que hasta Esquerra secundó la iniciativa del PP. «A Rita Barberá le dijimos en vida lo que pensábamos, pero hoy no sería elegante. Se trata de una persona fallecida y ante eso lo único que puedes hacer es sumarte al duelo», justificó el independentista Gabriel Rufián, un diputado nada sospechoso de guardar simpatía por el Partido Popular. Los representantes de Compromís, enemigos íntimos de las exalcaldesa valenciana, permanecieron en sus escaños porque, dijeron «hay que separar la vertiente política de la personal» y porque «cualquier persona merece ese mínimo respeto».

Unidos Podemos, en cambio, lo vio claro desde un primer momento. «Nosotros no vamos a participar en un homenaje a una persona cuya trayectoria ha estado marcada por la corrupción», argumentó Iglesias. Fue una decisión compartida por todo el grupo parlamentario, destacó a continuación. Esta uniformidad de criterio en la Cámara baja contrasta, sin embargo, con la posición que adoptó el partido en otras instituciones. En el Senado y en las Cortes Valencianas los representantes de Podemos guardaron silencio en recuerdo de Barberá.

Aunque los dirigentes nacionales -la mayoría con escaño en el Congreso- no se han retractado de la decisión, los matices entre ellos resultan significativos y van desde la opinión de Irene Montero de que sus compañeros del Senado debieron igualmente seguir el ejemplo de los diputados a la valoración de Íñigo Errejón de que «quizá en el Senado hubiera tenido sentido sumarse, pero en el Congreso no».

El giro de Iglesias

El espíritu de protesta en el Congreso se ajusta como un guante al giro que Iglesias quiere dar a la coalición, y que en resumen consiste en más movilización popular y menos labor institucional.

Hasta ahora los 67 diputados de Unidos Podemos han respondido al unísono. Cuando desde el escaño de primera fila su líder ha dado la orden de abandonar la Cámara, todos se han levantado de sus escaños. Pero un grupo parlamentario tan heterogéneo -en el que se agrupan anticapitalistas, comunistas, nacionalistas o socialdemócratas- la unidad puede romperse en cualquier momento, con lo que supondría para su imagen. El propio secretario general de Podemos reconoció no compartir que un senador de IU exhibiera una bandera repúblicana ante el Rey.

Según Pablo Simón, el exceso de protagonismo conlleva otro riesgo a tener en cuenta como es ahondar en la imagen de radicalidad que le atribuyen sus adversarios políticos. El politólogo valora que el líder de Podemos ya es visto «con malos ojos» por parte del electorado moderado del resto de fuerzas políticas y una excesiva acción en el Congreso podría agravar el problema. No obstante, Simón añade que la estrategia de la agitación puede ayudar a mantener al electorado de Unidos Podemos en un momento en el que, como ha reconocido el propio Iglesias, en el caladero del PSOE ya le queda poco que pescar.

«Un show»

La estrategia de Unidos Podemos ha originado un alud de críticas desde el resto de principales fuerzas políticas. Siempre directo, Rafael Hernando ya ha pedido que «los numeritos se dejen para el circo». El también diputado popular José Antonio Bermúdez de Castro denuncia que «Podemos está dando su verdadera cara como partido radical que ataca el sistema democrático, y añade que «sus sobreactuaciones solo buscan desacreditar al Congreso y las instituciones».

En la misma línea se manifiesta Ciudadanos. Según valora un miembro de su ejecutiva, «el show» puede ser efectivo en un primer momento para mantener movilizados a los votantes, «pero a la larga no podrá ocultar el vacío de las propuestas que defiende Unidos Podemos».