La Rioja

El 'doctor muerte' de las FARC

  • Las víctimas de Héctor Albeidis Arboleda, en prisión provisional, aseguran que «picaban» a los bebés muertos y los tiraban a la basura

  • La Audiencia acepta entregar a Colombia a un acusado de 150 abortos «inhumanos»

A Héctor Albeidis Arboleda, de 41 años, le llamaban 'El Enfermero', 'El Doctor' o 'El Mono' durante los años en los que trabajó para las FARC o el ELN en los departamentos de la selva colombiana. Su historial está manchado de sangre y sufrimiento a decenas de guerrilleras, muchas menores y con embarazos de hasta ocho meses, a las que practicaba abortos inhumanos y en condiciones deplorables.

Solo entre 1998 y 2004, este falso médico con doble nacionalidad hispano-colombiana tiene una lista de víctimas que rondaría las 150, aunque las autoridades judiciales del país sudamericano estiman que podrían haber practicado más de medio millar de abortos.

Héctor Albeidis abandonó en 2005 su país y viajó a España, donde pidió asilo político con el argumento de que estaba siendo perseguido y había sido obligado a realizar estas «inhumanas» intervenciones. Le denegaron el trámite, pero años después obtuvo la nacionalidad.

Con una orden de detención de Interpol vigente, fue detenido en Madrid a finales del pasado año, la Audiencia Nacional le dejó en libertad (sufre una enfermedad degenerativa), pero esta semana entró de nuevo en prisión por riesgo de fuga. La razón es que la Sala Penal del tribunal central acordó su extradición a Colombia, solicitada por delitos de homicidio consumado y en grado de tentativa, torturas, aborto forzado y concierto para delinquir agravado. Unos delitos, según la Fiscalía del departamento de Risaralda, son imprescriptibles por considerarse crímenes de guerra y de lesa humanidad.

«Escalofriantes»

La resolución de la Audiencia Nacional recoge que el 'doctor muerte' perpetró abortos de manera forzada a decenas de integrantes menores de edad e indígenas, de los grupos armados FARC-EP, ELN y ERG, «sometiéndoles a terribles padecimientos físicos y psicológicos, antes y durante el citado procedimiento». Añade la solicitud de extradición que el reclamado les forzaba a abortar bien con la ingesta de químicos o a través de rudimentarios procedimientos quirúrgicos, para los que no tenía ninguna formación, pues las pruebas han puesto de manifiesto que se trataba de «un enfermero empírico».

El relato de los hechos, construido a partir de las declaraciones de víctimas y testigos, deja historias «escalofriantes», como las de las mujeres que «vieron el producto de sus embarazos deseados despedazados, vieron sus hijos llorar y morir» y oyeron a 'El Enfermero' decir que a los bebés «había que picarles y tirarles al sanitario o a la basura». Otras contemplaron a los bebés de sus compañeras arrojados en un barranco, con lo que también se les privaba del derecho a enterrarlos y les dejaba al nivel de «seres irracionales». Algunas operaciones se hacían en cuartos de hotel en camillas «amarradas con plásticos de llantas» o en el suelo sobre plásticos cubiertos con hojas.

Destaca el tribunal las palabras de un testigo que vio nacer a dos niños vivos en 2002, que «El Enfermero» dejó tirados en el plástico. Cuando le avisó de que vivían, Albeidis respondió que «no había nada que hacer porque las guerrilleras no podían criarlos y había que dejarlos que murieran».

En su auto, el tribunal desestimó los argumentos esgrimidos por la defensa respecto a la inconcreción de los hechos, la prescripción de los delitos, su doble nacionalidad o que la reclamación obedece a una motivación política para intentar frustrar el Proceso de Paz en Colombia, así como que los delitos podrían ser amnistiados una vez concluido dicho proceso.