La Rioja

Rajoy olvida los agravios y toca de nuevo la puerta del PSOE para los Presupuestos«Lo importante» y «las payasadas»

Angela Merkel y Mariano Rajoy se despiden tras su comparecencia conjunta de ayer en Berlín. :: Fabrizio Bensch / reuters
Angela Merkel y Mariano Rajoy se despiden tras su comparecencia conjunta de ayer en Berlín. :: Fabrizio Bensch / reuters
  • El Gobierno reclama «apertura de miras» a los socialistas y al PNV para aprobar las cuentas del próximo año

Reconfortado por los buenas palabras de Angela Merkel, el «Mariano, en Alemania diríamos que tienes la piel de elefante» no se borrará de su mente, el presidente del Gobierno prefirió olvidar los agravios recibidos con el veto a su exministro y amigo Jorge Fernández Díaz y no hacer de ello un 'casus belli' como habría ocurrido en otras situaciones. «Me sitúo en el futuro», dijo y volvió a llamar a los socialistas para que colaboren en la elaboración y aprobación de los Presupuestos.

Mariano Rajoy está dispuesto incluso a pactar la subida de impuestos con los potenciales aliados del Gobierno con tal de sacar adelante las cuentas públicas del próximo año. «No hemos tomado ninguna decisión» sobre un incremento de la presión fiscal, antes «queremos hablar con otras fuerzas políticas que pueden ayudar a que los Presupuestos salgan adelante», confesó en una comparecencia conjunta en Berlín con la canciller alemana. El Gobierno baraja una aumento del impuesto de sociedades, y quizá de alguno medioambiental, una vez descartados por su impopularidad elevar de nuevo el IRPF o el IVA.

Rajoy tiene casi asegurada la complicidad de Ciudadanos para aprobar los Presupuestos, pero no lograr arrancar ni un veremos al PSOE y al PNV. La vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría se reunió el pasado martes en el Congreso con el portavoz socialista, Antonio Hernando. Fue un encuentro discreto, todo lo contrario del que mantuvo el mismo día y en el mismo sitio con el nacionalista Aitor Esteban. Pero en ambos el resultado fue el mismo, según confiesan en la Moncloa. Cordialidad, buenos modos y ningún compromiso.

El presidente del Gobierno ha ordenado a su vicepresidenta y al ministro de Hacienda que antes de remitir el proyecto presupuestario al Congreso lo tengan atado, o, al menos, asegurado el rechazo de las enmiendas a la totalidad que implicarían la devolución del texto al Ejecutivo. Un proceso que puede ser largo y que, pese a las urgencias de Bruselas, podría demorarse hasta febrero, según reconocen en Hacienda. En aras de ese entendimiento, Rajoy ha decidido pasar la página por el mal trago del peregrinaje de Fernández Díaz de comisión en comisión del Congreso, siempre vetado por la oposición, hasta que encontró el premio de consolación de la de Peticiones, en la que será presidente gracias a que el cargo no se vota y corresponde al partido con mayor número de diputados.

Los acuerdos se cumplen

De todos modos, se quejó. «Soy partidario de que los acuerdos se cumplan. Es lo lógico», comentó en referencia al acuerdo de todos los grupos parlamentarios para repartirse la dirección de las comisiones en el Congreso. Rajoy no es de los que deja en la estacada a sus colaboradores, sobre todo sin son amigos personales, y quería que el extitular de Interior, con el que ha compartido dos décadas de colaboración política, tuviera un papel parlamentario relevante. También lo intentó con el exministro de Industria y compañero de muchas batallas, José Manuel Soria, pero su alto cargo en el Banco Mundial asimismo se frustró.

Pero «las cosas -se resignó- son como son y prefiero mirar hacia el futuro». Ese futuro se llama Presupuestos, y antes está el techo de gasto para esas cuentas. El presidente no ha jugado aún la baza de hablar con el presidente de la gestora del PSOE, Javier Fernández, y ha dejado el trabajo previo a sus colaboradores. Los socialistas, por ahora, se niegan a entrar en el juego de un Gobierno «continuista» y están dispuestos a tensar la cuerda porque sus votos, en términos numéricos, no son imprescindibles siempre que el Gobierno pacte con los nacionalistas vascos. Rajoy, sin embargo, considera indispensable, en términos políticos, el apoyo socialista para encarrilar la legislatura.

Desde la Moncloa apuntalaron las palabras de Rajoy en Berlín y el portavoz Íñigo Méndez de Vigo reclamó «apertura de miras» tanto a los socialistas como a los nacionalistas. El ministro, tras la reunión semanal del gabinete, emplazó a los dos partidos a salir de su cerrazón porque el rechazo «no sirve para nada» cuando el proyecto de las cuentas «aún no existe», y lo razonables sería esperar a que se elabore, estudiarlo y después fijar la posición.

Méndez de Vigo emplazó a los interlocutores del Gobierno a que no acudan a las conversaciones con «condiciones apriorísticas y nos olvidemos del no es no» para que «cristalice» un acuerdo clave para el futuro de la legislatura. Además, agregó, entran componentes externos porque «Bruselas entendería mal que a un Gobierno recién investido se le privara del arma parlamentaria que son los Presupuestos».

La actitud de los diputados de Unidos Podemos el jueves en el Congreso aún da de que hablar. El Gobierno se sumó a las críticas del día anterior a golpe de refranero: «Los ausentes se equivocan siempre» y «lo cortés no quita lo valiente», dijo su portavoz, Iñigo Méndez de Vigo. El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, quitó hierro al asunto desde Berlín y recomendó quedarse a cambio «con lo importante», que a su juicio fue la ovación que recibió Felipe VI por parte «de la inmensa mayoría» del hemiciclo. Sobre la bandera republicana, el portavoz del PP en el Congreso, Rafael Hernando, apuntó que «las payasadas, mejor en el circo». Pablo Iglesias incluso hizo autocrítica. «No era el sitio ni el lugar» para colgar la enseña, reconoció el líder de Podemos.