La Rioja

Los anticapitalistas revitalizan el discurso más radical de Podemos

Teresa Rodríguez interviene en una sesión del Parlamento andaluz. :: Julio Muñoz / efe
Teresa Rodríguez interviene en una sesión del Parlamento andaluz. :: Julio Muñoz / efe
  • La creciente fuerza interna de la corriente más izquierdista del partido impulsa la acción a pie de calle y la oposición al PSOE

Divide y vencerás. Esta máxima latina explica a la perfección el auge de los anticapitalistas en el sendo de Podemos. Tras las primarias de la semana pasada, la corriente más izquierdista del partido morado controla Andalucía y goza de una amplia parcela de poder en la Comunidad de Madrid. No obstante, lo más relevante es que se ha convertido en un actor decisivo en las guerras internas de la formación.

Los anticapitalistas cuentan con una capacidad de movilización que se traduce en un importante número de votos en los procesos de primarias. Es gracias a esta fuerza que el 'pablista' Ramón Espinar ha logrado hacerse con el control de la Comunidad de Madrid frente a Rita Maestre. De cara a la Asamblea Ciudadana prevista para primeros de año podrán influir en el futuro del partido. Si mantienen su alianza con Pablo Iglesias, a los 'errejonistas' les quedará un escaso margen de victoria. Pero si por el contrario deciden ir por libre, el actual secretario general tendría serias dificultades para imponer su visión de partido a la de Íñigo Errejón. Lo que no harán, en ningún caso, será apoyar las tesis de moderación y transversalidad del número dos de Podemos, del que les separa un abismo.

La antigua Izquierda Anticapitalista abandonó IU en 2007 para volar por libre. Su gran oportunidad llegó en 2014 con el nacimiento de Podemos, en el que ejerció un papel protagonista. El primer éxito fue colocar como eurodiputada a la ahora secretaria general andaluza, Teresa Rodríguez. Pero el creciente poder de los anticapitalistas dentro de Podemos levantó las suspicacias de Iglesias y su núcleo duro, hasta el punto de que Juan Carlos Monedero llegó a denunciar «un golpe de estado».

Iglesias, Errejón y Monedero, por entonces aún unidos, fueron implacables con quienes consideraban una amenaza al modelo de partido que querían implantar. Llegaron incluso a imponer en los estatutos de la formación una cláusula anti Izquierda Anticapitalista por la que ningún afiliado de otro partido podía ejercer un cargo en Podemos, lo que obligó a la creación de Anticapitalistas como una corriente interna.

Pese al enfrentamiento que mantuvieron en Vistalegre, Iglesias recompuso poco a poco su relación con la rama izquierdista del partido. En especial con Teresa Rodríguez, con la que compartió escaño en el Parlamento Europeo. Fue un acercamiento directamente proporcional al distanciamiento con su número dos.

Cambio de rumbo

El nuevo peso de los anticapitalistas se ajusta al golpe de timón que Iglesias quiere dar en el partido. Frente a la versión amable y la táctica de seducción a los votantes de cualquier ideología, el líder del partido apuesta ahora por recuperar la calle y las movilizaciones sociales. Es una hoja de ruta idéntica a la que han predicado sus ahora aliados izquierdistas desde la fundación del partido. Según resumió el eurodiputado Miguel Urbán tras conocerse la victoria de Espinar sobre Maestre, «ahora toca trabajar para abrir Podemos a las luchas y los movimientos sociales». Para Rodríguez, las primarias en Madrid y Andalucía señalan que las bases quieren un Podemos «a pie de calle». El peligro de este camino, señalan sus críticos, está en reducir a Podemos a un partido protesta.

Otra de las coincidencias entre 'pablistas' y anticapitalistas radica en la relación con el PSOE. El secretario general y otros dirigentes como Pablo Echenique achacan el fracaso del 26-J al trato excesivamente benévolo que se dispensó a los socialistas durante la campaña, algo de lo que se ha responsabilizado directamente a Errejón. Ahora, con el PSOE sumido en la peor crisis de su historia, Iglesias pretende darle la puntilla con una ofensiva frontal. Es la misma posición que Rodríguez ha mantenido desde el primer día de legislatura en Andalucía. No solo se negó en redondo a facilitar la investidura de Susana Díaz, sino que en los debates parlamentarios se ha erigido en la portavoz más beligerante con la gestión de la dirigente socialista. Con los anticapitalistas al alza, la guerra entre Podemos y PSOE está servida.