La Rioja

El independentismo regresa a la casilla de salida dos años después del 9-N

  • Los soberanistas celebran el segundo aniversario de la consulta y el primero del inicio de la desconexión

barcelona. 9 de noviembre. El día que cayó el muro de Berlín y ganó Donald Trump es una fecha fetiche para el independentismo. Hace justo dos años, unos 2,3 millones de catalanes, el 35% del censo, acudieron a votar en un proceso participativo, un sucedáneo de consulta secesionista por parte de la Generalitat para intentar sortear al Tribunal Constitucional. Fue el primer gran desafío del Ejecutivo autonómico al Estado. «Fue un acto de afirmación nacional y de obediencia al pueblo de Cataluña», se defendió Artur Mas, pendiente del juicio por desobediencia. «El 9-N marca un antes y un después en la política catalana», subrayó ayer Jordi Turull, diputado de Junts pel Sí.

El secesionismo lanzó su segundo órdago un año después, también el 9-N, cuando el Parlamento catalán, recién estrenada la legislatura y sin que Carles Puigdemont hubiera sido aún investido, puso en marcha la desconexión con España a través de una declaración solemne que proclamó el inicio del proceso para la creación del «Estado catalán independiente en forma de república». La resolución, que con posterioridad fue anulada por el Constitucional, afirmó que la Cámara catalana «no se supeditará a las decisiones del Tribunal Constitucional» e instó a la Generalitat a «cumplir exclusivamente las normas o mandatos emanados» del Parlamento.

Una declaración de ruptura que la CUP puso como condición para dar su apoyo al Gobierno autonómico, eso sí, sin Artur Mas, héroe del secesionismo en la jornada del 9-N y víctima política en la negociación con los anticapitalistas, que se jactaron de haber arrojado al expresidente a la «papelera de la historia».

El independentismo celebró este miércoles las dos efemérides por todo lo alto (con una fiesta-concierto en el Palau de la Música), aquejado por las dudas que su hoja de ruta genera en sus impulsores, los recelos entre Junts pel Sí y la CUP, y marcado por la incertidumbre de no saber si está a las puertas de la Ítaca independiente o ante la montaña de Sísifo porque el proceso se distingue por conseguir unos aparentes avances que acaban siempre en la casilla de salida, en buena medida debido a que los secesionistas no acaban de concretar lo que anuncian a bombo y platillo.

El 9-N, y luego las elecciones del 27-S, calificadas de plebiscitarias, se presentaron como las votaciones «definitivas». Pero dos años después, el independentismo sigue reivindicando la celebración de un referéndum, a pesar de que había dicho que esa fase de consulta a la ciudadanía ya estaba superada y que el objetivo ahora era la desconexión con el resto de España.

Laberinto

Tampoco es descartable que tras el «referéndum o referéndum» de 2017 el proceso desemboque en un 27-S bis. «El independentismo está atrapado en un laberinto, da vueltas y siempre vuelve a empezar, solo avanza en el aumento de la tensión», afirma Carlos Carrizosa, portavoz de Ciudadanos en el Parlamento catalán.

En cualquier caso, el actual panorama político se distingue de aquel del 9-N en que ahora, por primera vez, los partidarios de la ruptura tienen mayoría absoluta en la Cámara y hay un Gobierno catalán de explícito color secesionista. Sin embargo, aun habiendo obtenido su mejor marca en las urnas hasta la fecha, el 47,8% de votos, el resultado no es suficiente para proclamar la independencia de manera unilateral. Su meta es superar el 50% de los sufragios.

Cree el soberanismo que con ese apoyo dejará en ridículo la estrategia de «judicialización de la política» del Gobierno central. Mas, sus exconsejeras Joana Ortega e Irene Rigau, y su exportavoz Francesc Homs están cerca de ser juzgados por su actuación el 9 de noviembre de 2014. Además, Carme Forcadell, presidenta de la Cámara catalana, podría ser también inhabilitada por desobedecer a la corte hace un año al permitir la votación del texto que ponía en marcha la secesión. Forcadell estaba advertida y siguió adelante. La respuesta que el independentismo dé a las previsibles inhabilitaciones marcará el desenlace del proceso.