La Rioja

Cospedal, el viernes, en la Moncloa. ::  PIERRE-PHILIPPE MARCOU / afp
Cospedal, el viernes, en la Moncloa. :: PIERRE-PHILIPPE MARCOU / afp

Rajoy congela las aspiraciones de Cospedal hasta el congreso del PP

  • La dirección del partido recuerda que será en el cónclave de febrero cuando se determine el futuro de su número dos

MADRID. Puede que finalmente no haya renovación. Puede que el resultado del XVIII Congreso Nacional del PP esté decidido de antemano y que Mariano Rajoy apueste por la continuidad para este último mandato. Pero que María Dolores de Cospedal dé por sentado en público que seguirá siendo la número dos del partido después del cónclave, a algunos dirigentes territoriales les parece una «falta de respeto». El malestar que en los últimos días se ha extendido por las filas populares ha llegado hasta el presidente, y fuentes de la formación enmarcan en ese contexto la llamada de Fernando Martínez-Maillo a aparcar el debate de los nombres hasta que llegue el momento de actualizar las estructuras.

El vicesecretario de Organización compareció ayer tras la reunión del comité de dirección del PP en el que Rajoy acababa de dar vía libre a la celebración en febrero del postergado congreso. Será la Junta Directiva del próximo lunes la que fijará la fecha exacta y designará al comité organizador. Culminan así dos años de espera en los que el presidente se ha aferrado, primero, a las continuas convocatorias electorales, y, después, a la inestabilidad política para retrasar la cita en la que, una vez instalado en la Moncloa, revalidará su liderazgo en el partido.

Será en ese marco en el que presentará a su equipo en la cúpula del PP antes de que el Comité Ejecutivo Nacional lo ratifique. Y, por lo tanto, el momento en el que desvelará si Cospedal sigue siendo su mano derecha. Hasta entonces, Martínez-Maillo advierte de que todo «es hablar por hablar». Un mensaje que muchos interpretaron que tenía como destinataria a la secretaria general.

Poco antes, el líder de los populares vascos había templado la impaciencia de la número dos del partido. «En el congreso se decidirá (.) cuál será la suerte para la secretaria general, que nadie puede anticipar ahora», advirtió Alfonso Alonso desde Vitoria. Algunos cargos, amparados en el anonimato, llegaron incluso a tildar de «soberbia» la actitud de Cospedal.

No fue un órdago

En el entorno de la ahora ministra de Defensa, entienden que su anuncio no fue un órdago, y que su deseo de compaginar las responsabilidades en la cúpula del PP con sus tareas en el Gobierno cuenta con la aprobación del presidente. Pero la confesión ha irritado a sectores del partido que claman por un recambio.

El debate no es nuevo y evoca a otro momento político, el de la Semana Santa de 2015, cuando arreciaron las críticas a la gestión de Cospedal, y los suyos se revolvieron contra quien creían que estaba tras los ataques, el vicesecretario Javier Arenas. Entonces se censuraba la respuesta de la número dos ante los escándalos de corrupción y el vacío de poder en la sede de la calle Génova con una secretaria general que era al mismo tiempo presidenta de Castilla-La Mancha.

Precisamente la representante de los populares en las Cortes de esta comunidad recordaba ayer que no es el primer caso de un ministro que ejerce de coordinador en el partido. Ya lo hicieron antes el propio Arenas y Francisco Álvarez Cascos. «Indigna que estas cosas se pongan encima de la mesa por el hecho de ser mujer», condenó Ana Guarinos.

Desde luego Cospedal nunca ha perdido la confianza de Rajoy. Cuando en junio de 2015 el líder entendió que los cambios en el partido eran obligados para afrontar las citas electorales, optó por una solución intermedia: «la renovación por adición». Así llegaron cuatro vicesecretarios, los «pipiolos», como bromea Martínez-Maillo, a reforzar la dirección.

Fuentes del PP señalan que ahora la prioridad vuelve a ser el Gobierno, y que en el congreso el partido simplemente tendrá que rearmar el proyecto y apuntalar sus señas de identidad con el sosiego que otorga estar en la Moncloa. Ni tan siquiera se pisará el acelerador para aplicar ya la fórmula de «un militante, un voto» en la reelección del presidente. Todo apunta a que los estatutos se reformarán, pero que será el sucesor de Rajoy el primero en ser designado de manera directa y sin delegados.