La Rioja

Rajoy apuesta por el continuismo en su último mandato

1. Mariano Rajoy, presidente del Gobierno. 2. Soraya Sáenz de Santamaría, vicepresidenta y ministra de Presidencia y Administraciones Territoriales. 3. Íñigo de la Serna, ministro de Fomento, cubre el hueco de Ana Pastor. 4. Rafael Catalá, ministro de Justicia. 5. Luis de Guindos, ministro de Economía, Industria y Competitividad. 6. Álvaro Nadal, ministro de Energía, Turismo y Agenda Digital, competencias antes incluidas en la cartera de Industria que ocupó José Manuel Soria. 7. Cristóbal Montoro, ministro de Hacienda y Función Pública. 8. Fátima Báñez, ministra de Empleo y Seguridad Social. 9. Juan Ignacio Zoido, ministro del Interior. Sustituye a Jorge Fernández Díaz. 10. Isabel García Tejerina, ministra de Agricultura, Pesca, Alimentación y Medio Ambiente. 11. Alfonso Dastis, ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación en sustitución de José Manuel García-Margallo. 12. Dolors Montserrat, ministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad. Asume la cartera que dejó vacante Alfonso Alonso. 13. Íñigo Méndez de Vigo, ministro de Educación, Cultura y Deporte y nuevo portavoz del Gobierno. 14. María Dolores de Cospedal, ministra de Defensa. Toma el relevo de Pedro Morenés.
1. Mariano Rajoy, presidente del Gobierno. 2. Soraya Sáenz de Santamaría, vicepresidenta y ministra de Presidencia y Administraciones Territoriales. 3. Íñigo de la Serna, ministro de Fomento, cubre el hueco de Ana Pastor. 4. Rafael Catalá, ministro de Justicia. 5. Luis de Guindos, ministro de Economía, Industria y Competitividad. 6. Álvaro Nadal, ministro de Energía, Turismo y Agenda Digital, competencias antes incluidas en la cartera de Industria que ocupó José Manuel Soria. 7. Cristóbal Montoro, ministro de Hacienda y Función Pública. 8. Fátima Báñez, ministra de Empleo y Seguridad Social. 9. Juan Ignacio Zoido, ministro del Interior. Sustituye a Jorge Fernández Díaz. 10. Isabel García Tejerina, ministra de Agricultura, Pesca, Alimentación y Medio Ambiente. 11. Alfonso Dastis, ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación en sustitución de José Manuel García-Margallo. 12. Dolors Montserrat, ministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad. Asume la cartera que dejó vacante Alfonso Alonso. 13. Íñigo Méndez de Vigo, ministro de Educación, Cultura y Deporte y nuevo portavoz del Gobierno. 14. María Dolores de Cospedal, ministra de Defensa. Toma el relevo de Pedro Morenés.
  • La salida de Fernández Díaz y la llegada de perfiles jóvenes y sin lastres constituyen los guiños a la oposición

  • El presidente blinda a su equipo económico y refuerza las competencias de Sáenz de Santamaría y Guindos

Madrid. A punto de ser investido, cuando ya no había marcha atrás, el último mensaje que Mariano Rajoy trasladó a la oposición fue el de que no permitiría que su proyecto quedara desvirtuado a golpe de pacto, que no «traicionaría» su legado, especialmente las políticas encaminadas a apuntalar la recuperación. Se trataba de una declaración de intenciones a la que ha puesto rostro cinco días después. Pese a las seis nuevas entradas en el gabinete gubernamental, el presidente ha apostado por el «continuismo» en la formación del Gobierno. Es la conclusión que se extrae de un primer vistazo a la fotografía del Consejo de Ministros, donde el equipo económico permanece intacto y la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, asume además, como mano derecha del jefe del Ejecutivo, el gran reto de hacer frente al desafío catalán.

El primero de los pilares del Gobierno de Rajoy siempre ha sido el económico. Obsesionado con las cifras y los gráficos sobre la evolución del paro, el presidente reconoce ahora la labor de sus colaboradores en la lucha contra la crisis y blinda a sus ministros de Economía, Luis de Guindos; Hacienda, Cristóbal Montoro; y Empleo, Fátima Báñez. Es más, el primero de ellos, que en su día dio a entender que la pasada sería su última legislatura en el cargo, suma a sus atribuciones las del departamento de Industria, ocupado antes por su amigo, el dimitido José Manuel Soria.

No hay cambios en este área, eje del mandato de Rajoy entre 2011 y 2015, cuando la crisis convirtió al Gobierno del PP en una máquina gestora y tecnócrata que se olvidó, como reprochaban en su propio partido, de «hacer política» y aplicó la técnica del rodillo parlamentario para imponer con su mayoría absoluta prácticamente todos los proyectos elaborados en la Moncloa.

El conflicto planteado por la Generalitat catalana, que mantiene su intención de convocar un referéndum independentista, la demanda de los partidos de la oposición, que reclaman una reforma constitucional a la que ni el Rey teme, y la obligación de impulsar la regeneración frente a las malas prácticas y los escándalos de corrupción, exigen ahora un refuerzo del sector político del Gobierno, encabezado por Sáenz de Santamaría, que conserva sus funciones como número dos de Rajoy y la dirección del Centro Nacional de Inteligencia.

La vicepresidenta, que pierde, eso sí, la tarea que más visibilidad le reportaba, la de portavoz del Ejecutivo, pasa, sin embargo, a afrontar el que puede ser uno de los principales objetivos de Rajoy en este momento, encontrar un encaje para Cataluña que apacigüe los planteamientos rupturistas. Como ministra de la Presidencia y, por primera vez, para las Administraciones Territoriales, será la interlocutora con la Generalitat y también la encargada negociar la pendiente reforma de la financiación autonómica, una tarea que compartirá con la cartera de Montoro.

Mientras, la batalla judicial frente al independentismo continúa en manos de Rafael Catalá, que pese a su inclinación por Fomento, seguirá ejerciendo de ministro de Justicia. Jorge Fernández Díaz, sin embargo, se despide de Interior y su lugar lo ocupará quien fuera regidor de Sevilla, Juan Ignacio Zoido. Las grabaciones en las que supuestamente se escucha a Jorge Fernández Díaz buscando casos de corrupción que imputar a los soberanistas catalanes han acabado con su carrera en el Gobierno. «Mantenerlo al frente del Ejecutivo habría sido una afrenta para la oposición», aseguran fuentes populares, que recuerdan que el Congreso reprobó al ministro incluso estando en funciones.

Necesidad de pactos

Precisamente la necesidad de llegar a pactos parece marcar el tono del Gobierno. El nuevo portavoz será Íñigo Méndez de Vigo, el ministro de Educación encargado de parar la controvertida Lomce y de tender puentes con la comunidad educativa y el resto del arco parlamentario. Como él, seguirá en su departamento la ministra de Agricultura, Isabel García Tejerina. Y por lo demás, no hay grandes pesos políticos en el equipo, pero los perfiles de algunos de los recién llegados, con edades comprendidas entre los cuarenta y los cincuenta años, podrían facilitar el entendimiento con los partidos.

El exalcalde de Santander y anterior presidente de la Federación Española de Municipios y Provincias, Íñigo de la Serna, pasa a gestionar las infraestructuras en Fomento; quien ejercía de jefe de la Oficina Económica de la Moncloa, Álvaro Nadal, se ocupará de Energía, Turismo y Agenda Digital; y la cuota catalana la cubre la nueva responsable de Sanidad, Dolors Montserrat, una de las negociadoras del pacto de investidura con Ciudadanos y conocedora de la Cámara baja.

La marcha de José Manuel García-Margallo de Asuntos Exteriores, cartera de la que se ocupará Alfonso Dastis, es, junto a la llegada de María Dolores de Cospedal a Defensa, una de las principales novedades de los planes de Rajoy. Margallo, verso suelto del Gobierno, capaz de proponer una reforma constitucional que no avalaba el PP y de erigirse en portavoz del Ejecutivo frente a Cataluña, abandona sus funciones tras años de enfrentamiento con la vicepresidenta. Su salida pone fin, además, al llamado 'G8', el grupo de ministros amigos del presidente y críticos con la manera de hacer de Sáenz de Santamaría.

En realidad, el nuevo Gabinete, con personal de su confianza y dirigentes de su generación, es un equipo cómodo para la ahora también titular de Administraciones Territoriales. De hecho, en su círculo auguran que, pese a su rivalidad con Cospedal, la convivencia entre ambas en el Consejo de Ministros será mucho más llevadera que la imposible relación de Sáenz de Santamaría con el extitular de Exteriores. Las dos dirigentes han visto reforzadas sus funciones. Al menos mientras la secretaria general del PP conserve su puesto en el partido.