La Rioja

MARIANO Y RAJOY, COSA DE DOS

Ha sido, como siempre, cosa de dos. De Mariano y de Rajoy. El presidente del Gobierno se ha cocinado en solitario su Consejo de Ministros, sin atender los requerimientos del PP ni ha equilibrado el poder dentro del gabinete ni ha escuchado las demandas para rejuvenecer la plantilla, aunque ha prescindido de los tres ministros más veteranos. Tampoco ha atendido a los criterios paritarios, una filosofía que siempre le ha parecido poco seria, ni ha tomado en cuenta las sugerencias territoriales. Se decía que debía ser un Gobierno para una nueva etapa de pactos, pero, vista la alineación, es un equipo que podría ser el gemelo del que formó en diciembre de 2011 y que entonces tenía la coraza de la mayoría absoluta del PP.

Fiel a su estilo -previsible, como él dice- no ha sorprendido. Baste decir que el único nombre que ha arrancado alguna mueca de asombro ha sido el de Alfonso Dastis para Exteriores. Todos los que apuntaban a un reequilibrio entre Soraya Sáenz de Santamaría y Dolores de Cospedal se llevaron un chasco, que no debería haber sido así porque su confianza en la vicepresidenta es ciega, y en la secretaria general del PP, por lo visto, ni medio tuerta. Ha entregado a la primera el mayor reto de España, según sus palabras, el conflicto catalán; y ha concedido a la segunda el florero de Defensa, una cartera donde los uniformes cortan el bacalao. Ni siquiera tiene la singularidad de ser la primera mujer al frente de la tropa. Sáenz de Santamaría sigue siendo la vicepresidenta multiusos y la indiscutible número dos, mientras Cospedal visitará las tropas en el extranjero.

Otro que leyó con una sonrisa el reparto de papeles fue Luis de Guindos, no le han hecho vicepresidente, como quería, pero se lleva el portafolio de Industria, que no es asunto menor para calibrar el peso de uno. También Íñigo Méndez de Vigo se frotó las manos al saber que será la cara del Gobierno los viernes. Si algo deseaba dejar la vicepresidenta era la portavocía, un cargo en el que tienes mucho que perder y muy poco que ganar.

Para contentos, los nuevos, el juez sevillano Juan Ignacio Zoido en Interior, el alcalde santanderino Íñigo de la Serna en Fomento y la diputada catalana Dolors Montserrat en Sanidad. Al seminuevo Álvaro Nadal le ha quitado Industria, pero le ha dado la Agenda Digital. Cariacontecida se quedó Fátima Báñez, a la que muchos veían de superministra.

Solo ha prescindido de García-Margallo, Fernández Díaz y Morenés, lo que le deja, junto a Montoro, como únicos exponentes de la añada de los sesentones.