La Rioja

NÚMEROS REDONDOS

Necesita España cien reformas, pero el director del correccional, que nunca ha tenido prisa, debe establecer el orden. Tenemos a Rajoy para rato, a pesar del señor Rato y de los señores que confundieron siempre la conquista del poder con la impunidad. Se ha preferido el mal menor, sin tener en cuenta que es crecedero y que va a hacerse un hombre, o sea, un ser racional que protesta porque su ración le parece pequeña. La máxima prioridad, que es a la que no se le ha hecho el mínimo caso cuando se la venía venir, es asegurar las pensiones de los viejecitos, entre los que me cuento pero no me alineo. A la hucha, que es de lata, se le está viendo el culo agujereado. Hasta el Pacto de Toledo se tambalea retrospectivamente porque las tarifas planas han sido atropelladas por esa apisonadora que llamamos 'Tiempo', cuando lo escribimos con mayúscula. Son necesarias cien medidas, a cual más urgente, porque la cuestión palpitante puede dejar de latir y hay 8,7 millones de compatriotas afectados.

Mal momento para que el PSOE inicie su inaplazable reconstrucción y encuentre un nuevo proyecto entre los escombros. El aprovechamiento de Puigdemont, que tiene muchos pelos pero ninguno de tonto, está sabiamente escogido. Es una de sus últimas oportunidades, aunque sea inoportuno. El discurso de Rufián ha provocado divisiones incluso en Unidos Podemos. Detesto hacer gracias con los apellidos. Son muchos los que escriben de los 'rufianes'. Son unos mastuerzos. Quevedo les hubiera incluido en su 'Genealogía de modorros', junto a los que llamó «necios de pernil», que según él son los que «entrando por una puerta que hallaron cerrada la dejan abierta».

Hay que desearle suerte a don Mariano. No sólo la que se merezca, porque eso sería cicatero, porque su méritos han dependido de los errores de sus adversarios y del egoísmo de sus adictos. Esto empieza hoy, pero escribo la víspera y no sé si los que llegan son los mismos o son otros con distintos nombres.