La Rioja

Mariano Rajoy presenta la composición y arquitectura de su Gobierno con el PP en vilo

Rajoy, junto a Sáenz de Santamaría, el pasado 29 de octubre, poco antes de conseguir la mayoría simple que le valió la presidencia. :: jaime garcía
Rajoy, junto a Sáenz de Santamaría, el pasado 29 de octubre, poco antes de conseguir la mayoría simple que le valió la presidencia. :: jaime garcía
  • En la Moncloa barajan cambios en los nombres de los ministerios y una reordenación de competencias para poner el Ejecutivo a punto

Las últimas 24 horas han servido para poner a prueba, una vez más, la paciencia infinita de dirigentes y cargos del PP que esperan que sus aspiraciones se vean colmadas con una llamada telefónica que les siente mañana en el Consejo de Ministros. Nada ha trascendido en este tiempo en el que los candidatos a entrar en el Gobierno se debaten entre la recompensa y la frustración. Y aun cuando hoy expira el plazo que se impuso Mariano Rajoy para diseñar su Ejecutivo, el presidente confía en que sólo los afectados y el Rey conozcan la decisión final antes de que esta tarde haga público el equipo con el que capeará la que, en principio, es su última legislatura.

A lo largo de la jornada, Rajoy tiene previsto acudir a la Zarzuela para cumplir con los trámites y trasladar a Felipe VI los nombres y la estructura del Gobierno. «Paciencia», reclamaba ayer el vicesecretario de Organización del PP ante un partido con los nervios de punta que vio a lo largo de la tarde cómo en las redes sociales usuarios anónimos usurpaban la identidad de los ministrables anunciando sus nuevas responsabilidades.

Han sido cuatro eternos días de espera en los que, tanto se ha especulado, que a estas alturas María Dolores de Cospedal acumula casi tanto poder en las quinielas como Soraya Sáenz de Santamaría en la realidad. Pero pese al sudoku de nombres que intentan cuadrar los populares, es la estructura ministerial la que más ha ocupado al presidente desde que juró el cargo el pasado lunes. Fuentes de su entorno apuntan a que, tras muchas comparativas y sugerencias, Rajoy podría finalmente inclinarse por reordenar las competencias de los departamentos e incluso por cambiar la denominación de algunos ministerios para adaptar el Gobierno a la nueva realidad política. Porque si en 2011 el reto de frenar la recesión marcó el esquema gubernamental, hoy, recuerdan, han surgido nuevas prioridades.

Sin tener la certeza de lo que el líder del PP tiene en mente, su círculo cercano sí plantea que el próximo Gobierno deberá sustentarse en tres grandes áreas. La económica, encargada de perseverar en las políticas anticrisis que el presidente no está dispuesto a «derribar»; la social, que tiene como encomienda reparar la imagen de un Ejecutivo asociado a los recortes y las restricciones; y la política, con el reto de la regeneración y el conflicto catalán en el horizonte.

En la casilla de salida para ocuparse de la interlocución con Cataluña se encuentra la vicepresidenta. En el PP y en la Moncloa coinciden en que si Administraciones Públicas se desgaja de Hacienda, al menos en parte, Sáenz de Santamaría podría asumir esas funciones sin abandonar su lugar como número dos de Rajoy.

Difícil convivencia

Frente al desafío independentista, la falta de un referente claro ha sido una de las grandes carencias del anterior Ejecutivo. La respuesta a la Generalitat siempre fue coral. Cristóbal Montoro y la vicepresidenta no fueron los únicos en elevarse como voces autorizadas. Según avanzó la legislatura, José Manuel García-Margallo fue adquiriendo un mayor protagonismo hasta el extremo de que, como ministro de Exteriores y con una propuesta de reforma constitucional que no contemplaba el PP, aceptó debatir en la campaña electoral catalana con el número dos del Gobierno autonómico, Oriol Junqueras.

A día de hoy la continuidad de García-Margallo en el Gabinete está en cuestión. Aun siendo amigo personal del presidente, hay quienes en el Gobierno creen que será incluso más llevadera la espinosa convivencia entre Soraya Sáenz de Santamaría y la secretaria general del PP, Dolores de Cospedal, si es que llega a dar el salto al Ejecutivo, que la que sufren la vicepresidenta y el titular de Exteriores.

Pero despedirse de aquellos con los que mantiene una relación personal nunca ha sido un trago fácil para Rajoy, conservador ante los cambios y sin fe en las revoluciones. «Combinará renovación con veteranía, y habrá aire fresco sin romper la continuidad», auguran quienes se resisten a que la realidad les desmienta. Esas mismas voces barajan que más que ministros independientes, sin carné de partido, el jefe del Ejecutivo podría haber buscado efectivos en los territorios y rescatado a expresidentes autonómicos como la aragonesa Luisa Fernanda Rudi o el balear José Ramón Bauzá.