La Rioja

El PP achaca la demora de Rajoy a que habrá cambios de calado en el Gobierno

Rajoy juró ayer en la Zarzuela su cargo como presidente en presencia de Felipe VI y las principales autoridades del Estado. :: ángel díaz / reuters
Rajoy juró ayer en la Zarzuela su cargo como presidente en presencia de Felipe VI y las principales autoridades del Estado. :: ángel díaz / reuters
  • El jefe del Ejecutivo, que juró ayer su cargo, es el presidente que más tiempo se ha tomado para anunciar sus ministros desde 1979

Mientras en el PP hay quien se pregunta cómo es posible que tras diez meses en funciones Mariano Rajoy aún no haya decidido la composición de su Gobierno, en el entorno del presidente sostienen que su jefe de filas «no hace dos cosas a la vez». No por falta de capacidad, añaden, sino por una cuestión «meramente organizativa». Así explican que haya esperado a consumar ayer su jura en el palacio de la Zarzuela y ante el Rey para encerrarse en su despacho a estudiar, papeles en mano, la conveniencia de acometer cambios en la arquitectura ministerial.

Sin poder vaticinar el resultado del proceso, en el PP se ha instalado la idea de que sólo una remodelación de calado justificaría los cuatro días que hasta el jueves se ha tomado el presidente para reflexionar. Apenas cuenta con precedentes en la historia de la democracia. Habría que remontarse a la primera legislatura, la de Adolfo Suárez, para dar con un tiempo tan dilatado entre la toma de posesión del cargo de jefe del Ejecutivo y la publicación de los nombres de los ministros en el Boletín Oficial del Estado.

«Vísteme despacio, que tengo prisa», excusaba ayer el vicesecretario de Organización del PP, Fernando Martínez-Maillo. En la cúpula popular consideran que el anuncio de la composición del Gobierno será el primer mensaje político de Rajoy a la oposición tras el debate de investidura. Del organigrama y los perfiles de los miembros del Gabinete se podrá deducir si el presidente ha entendido o no que el cambio en el reparto de poder en el Parlamento y la pérdida de la mayoría absoluta exigen otro modelo de Ejecutivo.

El presidente de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, esbozaba ayer las cualidades que deberá aunar el próximo equipo: «Una combinación de negociación, facilidad de entendimiento, empatía y capacidad de trasladar a los medios las decisiones más complejas». El listado coincide, en realidad, con las carencias del Gabinete saliente, de manera que, a juicio de fuentes populares, Rajoy estará obligado a soltar lastre, solventar los problemas de comunicación detectados y anticipar los retos de la legislatura para adaptar las carteras a las nuevas necesidades.

En primer lugar, el PP considera que su líder debería desprenderse de ministros como el del Interior, Jorge Fernández Díaz, que entorpecen el acercamiento a la oposición, y explorar en la cantera de secretarios y subsecretarios de Estado posibles candidatos a ser promocionados. «Personas imaginativas», demandaba el PNV el pasado sábado. En el partido valoran la posibilidad de incorporar a algún independiente, pero sobre todo apuntan a la experiencia de gestión de dirigentes del segundo escalafón como José Luis Ayllón, José María Lasalle, Tomás Burgos o Íñigo Fernández de Mesa. Y en mejores posiciones sitúan al jefe de Gabinete del presidente, Jorge Moragas, y al responsable de la Oficina Económica de la Moncloa, Álvaro Nadal, que cuentan, además, con la confianza personal de Rajoy.

Encaje de bolillos

Para afrontar las otras dos tareas pendientes, la comunicación y los desafíos legislativos, en la formación conservadora concluyen que será necesario una reestructuración del edificio del Gobierno. Se especula con dar una mayor entidad a la Portavocía del Ejecutivo, pero, sobre todo, con desgajar Hacienda y Administraciones Públicas. De este modo, Cristóbal Montoro podría seguir al frente de sus responsabilidades y dejar en manos de un ministro con mayores habilidades pactistas las relaciones con las comunidades y la reforma de la financiación autonómica. Y en el centro de ambos dilemas, aparece Soraya Sáenz de Santamaría.

Los mismos que sostienen que la vicepresidenta debería dejar las funciones de portavoz, creen que podría combinar su papel de número dos de Rajoy con el de ministra de Administraciones Públicas. Y del mismo modo, apuntan a un rol destacado de la secretaria general del partido, María Dolores de Cospedal, en el Gobierno. Pero fuentes del PP advierten de que no es tan sencillo como rellenar una quiniela. El presidente se enfrenta a un encaje de bolillos para dejar rearmados el Consejo de Ministros, el partido y el grupo parlamentario, donde creen que Rafael Hernando podría no continuar como portavoz.