La Rioja

REFORMA DE LA CONSTITUCIÓN

Un tabú para el PP que el pacto con C's fuerza a estudiar

Mariano Rajoy no hizo mención alguna ni en su discurso de investidura ni en el debate posterior a la reforma de la Constitución. Ni siquiera cuando los periodistas le preguntaron por las indiscreciones de los portavoces al desvelar que el Rey es partidario de «desdramatizar» la modificación de la Carta Magna, quiso el ya presidente decir «ni media palabra». El mutismo de Rajoy da idea de su resistencia a abrir un melón conflictivo, que siempre ha sido tabú para el PP. Los populares, de hecho, no incluyeron en su programa compromiso alguno al respecto.

No obstante, su nueva situación de debilidad parlamentaria ha obligado a Rajoy a mostrarse, como mínimo, receptivo a hincar el diente a la reforma de la Constitución casi cuatro décadas después. Eso sí, siempre ha supeditado la apertura del debate a que exista un consenso previo sobre qué se quiere reformar y para qué. Sin embargo, el acuerdo con Ciudadanos le forzó a abrir la puerta a la «actualización» del texto esta legislatura, si bien ya en el momento de rubricar el pacto, Rajoy dejó claro que se compromete a «estudiar» qué aspectos serían susceptibles de modificación, «aunque eso no quiere decir que la vayamos a cambiar». Incluso, logró que Albert Rivera aceptara una mesa de partidos que trate de buscar un mínimo común denominador antes de convocar una subcomisión parlamentaria que se ponga manos a la obra.

Esas maniobras dilatorias y las mayorías cualificadas que la propia Carta Magna exige para su reforma hacen difícil pensar que el lavado de cara pueda ir más allá de algunos aspectos ya señalados por el Consejo de Estado en su informe de 2006, como la supresión de la discriminación a la mujer en la línea sucesoria de la Corona, la adhesión a la construcción europea o la necesidad de reformar el Senado. Muchísimo menos probable parece que exista quórum suficiente para repensar el modelo territorial.