La Rioja

POPULISTAS, SÍ... PERO NO MUCHOS

La sensata costumbre de consultar el DRAE arroja con el sustantivo 'populismo' un balance pobre: además de hacerlo sinónimo de 'popularismo', se limita a definirlo como «tendencia política que pretende atraerse a las clases populares», lo que resulta por lo menos insuficiente porque, se supone, otras tendencias entienden, y la izquierda en primer lugar, ganarse a tales clases. Pero, sabio, el Diccionario añade: «U. mucho en sent. despect.» En efecto, el populismo tiene mala prensa.

En su afán de síntesis con ribetes didácticos, los programas políticos teñidos de populismo pasan por superficiales, irrealistas, amateurs (por irrealizables y utopistas) y están frecuentemente teñidos de una dosis de voluntarismo que no pasa el filtro del examen objetivo de un contexto social y político determinado. Una fórmula que, tácitamente, atenúa esta pobre impresión es que un programa que el pensamiento liberal-conservador tiñe de populista puede ser, simplemente, uno irrealista, pero descrito y defendido por una personalidad respetada a la que se permite la radicalidad formal o la exageración como productos de las campañas electorales o la necesidad de «alegrar el oído» del votante.

En España, tras los diez meses transcurridos desde las legislativas de diciembre pasado, el remoquete populista se adjudica a Podemos y sus variantes regionales, en unos casos con más méritos que en otros. Y hay que reconocer que el fenómeno -muy digno de atención y examen en cualquier caso- es casi estrictamente español porque en ningún parlamento hay tantos diputados de la izquierda antes extraparlamentaria como aquí. salvo en Italia, si se asume, y eso es discutible, que el 'Movimiento Cinco Estrellas' de Beppe Grillo (108 diputados) es sin más populista. A día de hoy, y visto lo visto, su política de alianzas en algunas regiones y la prestación de la alcaldesa de Roma, Virginia Raggi (38 años) sería reduccionista meterlos en la nómina.

Algo parecido, pero con la relevante nota de que está en el gobierno (en coalición con los socialdemócratas y los comunistas de siempre) sucede con el 'Bloco de Esquerda' en Portugal (19 escaños puestos a contribución para formar el ejecutivo tripartito) y la señora y exquisita exactriz Margarita Martins. Eso por no hablar de Grecia, donde si tenía algún ribete populista, la 'Coalición de Izquierda Radical' (Syriza) lo abandonó juiciosamente y el primer ministro ministro 'radical', el ingeniero Alexis Tsipras, se pasa el día negociando con Bruselas y el FMI la refinanciación de su economía y resistiendo las crecientes protestas sociales porque el público no ve llegar el nuevo paraíso. De modo que donde más 'populistas' hay (aunque modernizados por el vocabulario de Toni Negri, el por lo demás brillante ensayista disponible en castellano) es en España, presuntamente en las filas de Podemos y sus expresiones regionales.

El lector hará bien todo caso, en distinguir 'populismo' de ultranacionalismo. Mezclados ambos y con unas gotas de xenofobia añadidas se obtiene un cóctel explosivo de resonancias históricas, trágicamente históricas.