La Rioja

Fiel a sus políticas y a la unidad de España

Podría decirse que Rajoy se pareció ayer a sí mismo solo en la letra, aunque le puso nueva música a su melodía. Una cosa es abrise al acuerdo con los grupos de la Cámara consciente de su debilidad y otra cambiar el discurso en los que el líder popular considera asuntos innegociables de Estado. En un momento en el que se habla de derogar reformas aprobadas por el rodillo de la anterior legislatura, especialmente en materia de legislación laboral, el candidato del PP ensalzó la labor de su Gobierno a la hora de impulsar la recuperación económica y estimular la creación de empleo. «Hemos dado la vuelta a la situación», enfatizó, convencido de que no se puede «dar marcha atrás» a una reforma laboral «que nos está permitiendo crear medio millón de empleos al año» cuando antes se destruían en la misma proporción.

Igual que en agosto, el presidente en funciones se ufanó de la trayectoria de su Ejecutivo en materia financiera y consideró que su aplicación a la hora de ajustarse a las exigencias de Bruselas ha permitido que la economía del país no se resienta pese a los largos meses de interinidad. «Pero todo tiene un límite», dijo entonces, y repitió ayer. Un presidente en funciones muy similar al gobernante en ciernes que ya hace cinco años advertía de que a España les esperaban «esfuerzos muy exigentes», anticipaba su intención de primar los contratos fijos con despido barato e incluso amenazaba con eliminar los puentes, un sueño de la patronal que nunca ha llegado a implantar por su manifiesta impopularidad.

En lo que también se mostró inflexible Rajoy, fiel a su guión habitual, fue en su férrea defensa de la unidad de España y la soberanía exclusiva del conjunto del pueblo español. Ni asomo hubo del reconocimiento que le reclaman los nacionalistas -es muy probable que el PNV pueda ser decisivo para aprobar los próximos Presupuestos- de la plurinacionalidad del Estado y de la necesidad de una reforma territorial que alumbre un nuevo modelo. A lo más que llegó, y no es nuevo, es a la invitación a negociar una financiación autonómica más eficiente, que permitiría también buscar fórmulas que satisfagan los anhelos de los catalanes. Como ya hizo en su discurso fallido de agosto, volvió a agradecerles su espíritu emprendedor y su capacidad de «acogida» pero dejó claro que el «respeto a la ley» y la «igualdad de todos los españoles» están por encima de cualquier otra consideración. Una vez más, dejó claro, que hará frente con decisión al «desafío secesionista», uno de los retos «más graves» que afronta España.

Calcadas a las de agosto fueron también sus apelaciones a las grandes reformas que necesita el país, y a los asuntos más urgentes a abordar, entre otras cosas porque forman parte del paquete de medidas acordado con Ciudadanos, que ayer evitó desgranar en detalle -incluso remitió a los diputados al diario de sesiones de hace dos meses- aunque sí prometió cumplir. Ahí se engloba el acuerdo para la sostenibilidad de las pensiones y la reiterada apelación a la convocatoria urgente del Pacto de Toledo, la necesidad de un gran pacto educativo o el consenso para reformar la financiación autonómica.

Rajoy también volvió a insistir en el deber colectivo de evitar las terceras elecciones y apeló a la responsabilidad: incluso se mostró dispuesto a pagar un precio político en su interés partidista «si es por el bien de España». en 2011, con mayoría absoluta, dejó claro que no había llegado a Moncloa «para cosechar aplausos». Ya entonces, no hizo ni mención a la Euskadi post ETA. En 2016, por supuesto, tampoco.