La Rioja

Rajoy: oferta de diálogo

El encargo del Rey a Rajoy para formar gobierno una vez conseguida la abstención del PSOE ha sido formalizado a toda prisa para cumplir a tiempo los plazos constitucionales, y este miércoles el candidato abría la sesión de investidura con un discurso bien elaborado para la ocasión que, como es lógico, tuvo como principal objetivo proponer diálogo y negociar los pactos explícitos y tácitos que le permitirán gobernar y establecer las bases de una difícil cooperación con otras fuerzas sin la cual el Ejecutivo, que apenas posee 137 escaños en propiedad, no saldría de la parálisis. Como es conocido, Rajoy cuenta además para su investidura con los apoyos de Ciudadanos y de Coalición Canaria, y con la abstención de algunos diputados del PSOE (todavía no se sabe cuántos, pero en cualquier caso suficientes para que sean más los votos positivos que negativos en la segunda votación).

El discurso de investidura, en línea con las declaraciones de los últimos días, ha sido una declaración pacífica de intenciones, acomodada a las difíciles circunstancias del mandato. Rajoy no es un líder potente capaz de enardecer a las masas pero sí un gobernante pragmático capaz de practicar el arte de lo posible en circunstancias que no serán fáciles, como las que se avecinan. En términos generales, el futuro jefe del ejecutivo ha ofrecido amplio diálogo social y grandes pactos de Estado –pacto nacional sobre educación, sobre financiación autonómica, sobre pensiones en el Pacto de Toledo– además de un talante abierto para acordar los asuntos que puedan suscitarse. Es obvio que Rajoy no tiene elección a este respecto y que sólo su capacidad negociadora le permitirá salir adelante en el día a día pero es positivo constatar esta disposición conciliadora cuando hay que ensayar lo que nunca se ha hecho en esta ya dilatada etapa democrática: gobernar en franca minoría.

Aunque como es lógico Rajoy tratará de salvar todo lo posible de su obra de gobierno de la legislatura anterior en que ha gobernado con mayoría absoluta, y por lo tanto sin debate con las demás fuerzas, Rajoy ya ha reconocido –lo ha hecho desde hace tiempo– que no tendrá más remedio que admitir cambios en algunas de normas básicas de aquella etapa, como la Lomce, la reforma laboral o la ley de seguridad ciudadana. De hecho, su pacto de 150 puntos con Ciudadanos, que sigue vigente y que este miércoles reconoció Rajoy explícitamente, incluye varias de estas rectificaciones, a alguna de las cuales podría sumarse el PSOE. Porque ante esta buena disposición, es de suponer que las otras fuerzas se avendrán a modificar lo necesario para centrar las normas vigentes, sin necesidad de derogaciones radicales.

Así las cosas, y conocida la disposición de Rajoy a gobernar cuatro años, la legislatura puede ser un periodo anodino de limitadas reformas más o menos intrascendentes o una gran oportunidad para lograr avances de gran calado que haya que negociar con esfuerzo… En buena medida, ello dependerá de cómo resucite el PSOE después de su implosión y descabezamiento, y de cuál sea su estrategia en el periodo, en el que como es lógico intentará recomponer la figura y alcanzar el mayor protagonismo posible. Naturalmente, el papel que vaya a desempeñar el PSOE, cuyo secretario general dimisionario estuvo en la cámara, sólo se podrá perfilar y valorar cuando este partido se haya pacificado y se haya dotado de un liderazgo claro

En otras palabras, la situación parece propicia para que se acometa la modernización del país entre todos… pero también plantea el riesgo de que, ante la dificultad, el proceso político mantenga un perfil bajo, poco activo, de simple supervivencia, en espera de mejores oportunidades.