La Rioja

¿VOTO EN CONCIENCIA?

  • Debería permitirse en situaciones límite, como la que atraviesa el PSOE

La máxima autoridad del PSOE ha decidido. En la segunda votación de investidura de Rajoy, el Grupo Socialista facilitará sin condiciones previas que asuma este la presidencia del Gobierno. A pesar de la votación de ayer, un puñado de parlamentarios se propone desoír la decisión. ¿Por qué? Porque consideran que los compromisos asumidos con los electores están por encima del mandato del partido.

El voto en conciencia de diputados y senadores, más allá de las normas internas y los agravios personales -que haberlos haylos-, debería aplicarse en situaciones límite, como la que atraviesa el centenario partido socialista. En base al temor de «alejarse de sus militantes y electores», el líder del PSC, Miquel Iceta, interpretó ayer el voto negativo que mantendrán los siete diputados catalanes en la segunda investidura de Rajoy.

Es conocido que una mayoría de afiliados, en la franja de los veinticinco a los cuarenta y cinco, años sigue estando por el «no, es no». Pero da igual, la militancia no será consultada por ahora no fuese que el tiro saliera por la culata. En defensa de que los afiliados opinen sin cortapisas ha vuelto a escena el decapitado Pedro Sánchez. Con la voluntad de no arrojar la toalla, ayer tarde mandó un tuit para señalar que va a llegar el momento en el que la militancia reconstruya un PSOE, alejado del PP, «donde las bases decidan».

Hace algún tiempo, y tratándose de una cuestión especialmente dolorosa, el Grupo Parlamentario del PP obligó a sus diputados a votar en favor del apoyo de España a la invasión de Irak. El mandato provocó una gran aflicción en las filas de José María Aznar porque iba en contra de muchas conciencias. Más tarde, el signo de los tiempos pasó factura al PP.

Si entonces, en el partido del Gobierno funcionó la disciplina de voto, aquí y ahora no funcionará aunque se produzcan más desgarros organizativos, mientras se baten palmas en las bases. Unos y otros son plenamente conscientes de que el PSOE ha de practicar una dura oposición, imprescindible para mantener su espacio de segundo partido. Pero ahí está Podemos, dispuesto a pelear por la hegemonía en la izquierda, manejando dos florines a la vez, el de Pablo Iglesias y sus reivindicaciones en la calle, y el de Iñigo Errejón con su presencia en las instituciones. ¿Hasta cuándo?